VOTOS PERPETUOS

de Álvaro Flores, cmf.

en Barriales, La Palma, Darién

 

 

Con la misma valentía con que aquellos valerosos cristianos de la Primitiva Comunidad profesaban su fe, Álvaro profesó sus votos delante de la gente sencilla de Barriales, comunidad ubicada Río Congo arriba. 

Aunque al principio no entendíamos porqué nuestro hermano había escogido una población tan lejana, nuestras dudas fueron aclaradas una vez que llegamos al lugar.   Allí la gente nos esperaba con toda una res ahumada cuyos magros trozos ya estaban siendo fritos junto con patacones por los hombres de la comunidad, mientras que las mujeres se dedicaban a decorar la capilla y nos distribuían en diversos lugares para que todos los visitantes pudiéramos alojarnos.  La gente es allí maravillosa:  hospitalaria y religiosa.  Definitivamente han acogido a Álvaro y él les supo retribuir dándoles la oportunidad de ser testigos de su Profesión Religiosa.

Llegamos con algunos amigos y amigas de Álvaro hacia el medio día del jueves 23 de marzo y por la noche asistimos a un divertido acto cultural en donde desfilaron no sólo los niños de la escuela y los jóvenes, sino también los mismos claretianos;  hubo canto, baile, declamaciones y emotivas palabras para visitantes y residentes.

Tempranito el día 24 de marzo, fecha del martirio de Mons. Romero e inspirado por la entrega total de tan admirable pastor, Álvaro hizo sus votos perpetuos en una emotiva Eucaristía, que presidió Mons. Pedro Hernández, cmf., Obispo de Darién, de las manos de este indigno servidor. Acompañaron también Eddy Quirós, Superior de la comunidad claretiana de Darién, Carlos González y José Enrique García, cmff. 

Aunque no les fue posible asistir a los miembros de la familia carnal de Álvaro, éstos se hicieron presentes por medio de una conmovedora carta que tocó las fibras más hondas del recién profeso y de muchos de los que le acompañamos en este momento tan especial. 

Y por si no hubiéramos rezado bien durante la Eucaristía, el mar que tuvimos que atravesar de regreso a La Palma, nos hizo elevar sentidas súplicas que hicieron más devoto nuestro viaje.  Gracias a que nuestros ruegos fueron escuchados llegamos sanos y salvos a buen puerto;  muy mojados y fríos por fuera pero con el corazón encendido y animado al ver que aún hoy, en medio de un mundo tan materialista, hedonista y superficial, sigue habiendo hombres y mujeres que se juegan la vida por la causa de Jesús.

P. Manuel Sánchez, cmf.

Prefectura de Apostolado