Todo pasa y todo queda…
Vic
Pero lo nuestro es pasar. En realidad, pasar no podemos, porque nuestra religión nos prohíbe pasar, es decir, ser pasotas. Por eso nos hemos implicado a muerte con la Escuela de Formadores Corazón de María 2006. Decíamos ayer que nos faltaban tres meses, luego dos, luego uno, y ya se ha acabado. El curso, quiero decir. Que la vida no ha hecho más que empezar. Y, por culpa de muchos (y buenos) C.M.FF., que han ido pasando por el aula, esta vida se nos ha complicado. Porque nos han dado motivos para la reflexión.
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Lo que hemos visto y oído nos ha afectado. Hay que (re)pensar algunas cosillas, a saber: v.g.r, la forma en que aplicamos el Plan General de Formación en nuestros centros formativos. Ahora tenemos una visión global, precisa y ajustada a la realidad de lo que supone dicho Plan. Y sólo nos queda ponerlo en práctica. Todo está escrito, y bien escrito. Habremos de buscar la manera de forjar a los formandos en la Fragua del Corazón de María. Que imagen más claretiana para dar unidad a todo el proceso, no se puede encontrar. Basta con ser creativos y poner manos a la obra. Es preciso además dar su justa medida a la dimensión martirial de nuestro carisma, a ejemplo del Seminario mártir de Barbastro. |
La iniciación en el ministerio de la Palabra ha cobrado nueva luz, bajo las enseñanzas del p. Ignasi Ricart. La Justicia, la Paz y la Integridad de la Creación, iluminada por el hermano Árnel, que vive esta cuestión con mucha pasión, el acompañamiento personal, el discernimiento que nos dio el p. Juan Carlos Martos, todo eso hay que integrarlo. Casi ná. ¿Pero cómo puede haber gente que se quiera perder este curso? Con palabras sencillas, es un verdadero kairós para una buena metanoia.
Muchos retos por delante. Los formadores no lo sabemos todo. Sólo sabemos que, si nos han nombrado, por algo será. Sabemos también que la vocación es cosa de Dios, y nuestra tarea es ayudar a conocer si Dios llama. No estorbar mucho al formando, y darle pistas para que, en clave de oración, él mismo responda a lo que Dios le pide, con sinceridad. Todo es fácil, si se sabe qué se busca y qué medios hay que emplear. Sabemos lo que queremos. Ayudar a los formandos. Sabemos cómo llegar. Con el Plan General de Formación. Sólo nos falta ser coherentes en nuestra vida, usar el sentido común, y tratar de que nuestros estudiantes, pocos o muchos (según lugares) se apasionen por el Evangelio, al estilo de Claret.
Tres meses en remojo, al baño de la Palabra, de la Eucaristía tranquila, del compartir con los hermanos, a los pies del Fundador, en la cripta de la iglesia de Vic, han ayudado a recargar las baterías, y a enfrentarnos a nuestros trabajos diarios con nuevos bríos.
Todo pasa y todo queda. Quedan los buenos ratos compartidos, quedan las sonrisas y las comidas cargadas de amor de las hermanas Misioneras de la Institución Claretiana, quedan las puertas abiertas de tantas Comunidades claretianas por las que hemos podido ir pasando, quedan las clases magistrales (y vivenciales) de los profesores…
Pasan los malos ratos, los cansancios, los calores al final del curso, los malentendidos derivados de la interculturalidad… Todo pasa, porque el proyecto que nos une es más amplio. Por encima de todo, hemos visto que somos claretianos, y que merece la pena serlo. Esta ilusión va más allá de nuestro organismo, de nuestro país, de nuestra iglesia local. Es una forma de vida para todo el mundo, como el espíritu de Claret.
Dos palabras para el Prefecto General de Formación, p. Mathew Vattamattam, y para el ex-prefecto general, el p. Jesús Mª Palacios. Esas dos palabras son Muchas Gracias. No es peloteo. El trabajo de liderar y dirigir un grupo no siempre es agradable. Hay que tomar decisiones, marcar el ritmo, decir que no a ciertas cosas (¿os suena, amigos Formadores?), y vosotros lo habéis hecho como verdaderos hermanos. Con la suficiente flexibilidad para que no se rompiera la buena atmósfera comunitaria, y la necesaria rigidez para que se cumplieran los planes.
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Nos vamos a casa, algunos inmediatamente al tajo, otros tras unos días de transición. Volvemos a la vida apacible, sencilla, a lo que ya conocemos. Pero volvemos con otra mirada. El láser del Corazón de María nos ha quitado las cataratas, y los golpes certeros de la Palabra del Maestro nos han enderezado las abolladuras que la vida había ido dejando en nuestros cuerpos. Este quid prodest ha sido un verdadero tiempo de gracia, vivido porque nuestras Comunidades nos han cubierto las espaldas. Esperamos, a nuestra vuelta, poder devolveros siquiera un 0,1% de todo lo que hemos sentido. Inmaculado Corazón de María, sed la salvación nuestra. San Antonio Mª Claret, ruegue por nosotros. Beatos Mártires Claretianos, rueguen por nosotros. Hermanos todos de la Congregación, rueguen por nosotros. Que buena falta nos hace. Para seguir en camino. Por el buen camino. Para seguir pasando y quedando. Hasta que Dios (y los Superiores) quieran. |
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PP. Angel Ivan García y Jeremías Lemus, de Centormaérica |
El cronista.