ORDENACIÓN DIACONAL DE CESAR A. ESPINOZA, CMF.
... entre ustedes, quien quiera ser grande
que se haga servidor de los demás
(Mt 20, 25-28)
Santa Rosa de Río Indio, de la Costa Abajo de Colón, es el lugar donde César quiso ser consagrado por Dios para el pueblo, en medio del mismo pueblo. Le acompañaron sus papás que vinieron desde Guatemala, para caminar, navegar por los mismos ríos y alegrarse como su hijo.
La memoria martirial de Oscar A. Romero, era la motivación para que fuera el 24 de Marzo.
El Jueves 23, vísperas de la fiesta, la comisión de matanza, en el pueblo mencionado, preparó la vaca para la comida. Mientras tanto en Río Indio unos cuantos nos encontrábamos para embarcarnos hacia Santa Rosa, el cálculo falló y tuvimos que viajar en tres cayucos, el de Florentino, el de Higinio y el de un paisano que hizo de emergente ante la necesidad, todos se pagaron. Los viajes por el agua del río son tranquilos y agradables pero una lluvia que cayó mientras íbamos hacia arriba enfrió el paseo.
Una vez en el lugar, el tiempo se fue en saludos, recuerdos, preparar y revisar los detalles. Hubo buena cena de vaca con arroz (sí, no fue arroz con vaca).
La gente seguía llegando a la cita, así que por la noche hubo un acto sencillo de presentación, seguido de un repaso de cantos par el día siguiente. Antes del descanso se hizo una oración donde la hermana compañera de Cesar, en el trabajo pastoral en el sector, coordinó. Nos hizo caer en la cuenta del servicio al que estamos llamados todos los bautizados, pero que de una manera especial unos son llamados a consagrar este servicio con el sacramento.
Noche de lluvia / que fuerte cae / por la misión... Al amanecer, buenos días, hay agua? No, hay que ir al río. Cayó mucha anoche pero se fue. Hay que ir al río.
No hay obispo todavía, viene de camino. El cayuco fue a Río Indio en busca de Mons. Áriz y los PP. Nicolás, Venatius y Jorge; se juntó la hermana Olga, claretiana, y Héctor Endara, coordinador de Cáritas con su comitiva.
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Estamos listos? Sí. Monición. Y llegó el señor
cruzando tus caminos... algún día se cruzó el Señor por el corazón,
la cabeza y los planes de César y lo trajo desde Guatemala hasta esta
tierra, donde hoy celebra la entrega al pueblo campesino, sufrido y
creyente de la Costa Abajo.
La gente vive con mucha alegría este momento, es la primera vez que se ven una Ordenación. El salmo es un cantar del pueblo, en el son del pueblo. Expresión de fe y compromiso total. |
El P. Provincial presenta al candidato y pide al obispo que ordene diácono a Cesar. Sabes si es digno? Pregunta el Obispo; y una delegada de la Palabra, un coordinador de evangelizadores, un directivo de la coordinadora campesina y alguno más, ilustran con anécdotas al obispo y a la comunidad de que César es digno de lo que se pide para él. El Provincial puede proseguir: “después de consultar a la comunidad ha sido considerado digno. El obispo prosigue entonces, “elegimos a este hermano nuestro para el orden de los diáconos”.
En la homilía, el “hermano obispo”, como lo llaman los campesinos del lugar, motiva al elegido y a la comunidad, al servicio desinteresado y generoso, iluminando incluso con alguna anécdota personal sobre Mons. Romero, testimonio de servicio humilde al pueblo a él encomendado. En tiempos difíciles seguimos estando llamados a la fidelidad y a responder a nuestro compromiso.
La liturgia especial de consagración sigue su ritmo; las cámaras no pierden tiempo y logran cada detalle. Hay emoción en la asamblea, todo es alegría y expresión de felicidad.
En el ofertorio se ofrecen a Dios, simbólicamente, la tierra, ahora amenazada, algunos símbolos de nuestro vivir cotidiano, un cuadro de Romero y, por último, el pan y el vino.
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El nuevo diácono ejerce ya su ministerio y sirve la mesa y ayuda al obispo en el altar, luego reparte el Pan a la comunidad. Antes de terminar la misa la señora Yoly, mamá de César, llora y habla; quiere hablar pero llora, está emocionada. Hace un esfuerzo y consigue las dos cosas a la vez: llorar hablando, o hablar llorando. Agradece a Dios por su hijo, pide perdón si algún momento no lo entendió, y agradece a la congregación de claretianos y a la gente el cariño que le brindan a su hijo. Le siguió el hijo diácono, y expresa su satisfacción y alegría por el ministerio y pide oraciones para ser fiel. Pasamos a la mesa. La vaca no se termina... Hay que dejar para los dos días de la “Semestral”, que siguen ahí mismo en Santa Rosa. La gente que vino para la Semestral tiene que trabajar, los que llegamos a la fiesta nos tenemos que ir. |
Despedidas, abrazos y felicitaciones. Para bajar un cayuco es suficiente, muy lleno pero puede con el peso de un obispo y unos cuantos curas, una religiosa y la gente que vino desde Escobal. César quedó para la Semestral. Que Dios bendiga su labor pastoral y la haga fecunda. No olvides, César, lo que te dijo el Obispo: “amar y respetar a un pueblo que ha puesto su esperanza en nosotros es grandioso, servirse de sus dolores es una gran ignominia.