ORDENACIÓN SACERDOTAL DE CÉSAR AUGUSTO ESPINOZA.

“En Tecún Umán no sólo ocurren cosas malas”...   Fueron palabras de Mons. Alvaro Ramazzini en el saludo inicial de la ordenación sacerdotal de nuestro hermano César Augusto Espinoza Muñoz.  Y es que este pueblo fronterizo, San Marcos, tierra natal de  César, tiene la mala fama de narcotráfico, asaltos, prostitución y asesinatos frecuentes. Vaya lugar para una ordenación sacerdotal.

Desde la ciudad de Guatemala se tarda cinco horas. Nos trasladamos hasta allá el P. Martiniano Lombraña, como superior de la comunidad, Santiago Najarro con los novicios, el P. Mario Morales, el P. Jorge Aguilar, el P. Rodolfo Morales y un servidor. Fue muy significativa la presencia de los Padres Ademar y Julio, Misioneros Escalabrinianos que atienden tanto la casa del migrante como la parroquia del Cristo de las tres caídas de Tecún Umán; con ellos trabaja el diácono diocesano Miguel Angel. Realmente fuimos muy bien recibidos por ellos. La familia de César vive, en su mayoría, cerca de Tecún Umán; para ellos fue una gran bendición que la ordenación fuera en dicha parroquia, sin tener que trasladarse hasta la Capital. 

Para sorpresa nuestra, a pesar de la fama de este pueblo, nos encontramos, al llegar, con una comunidad cristiana comprometida, participativa y sobre todo alegre por el acontecimiento  que se iba a realizar. Pocas veces ocurre algo así en Tecún Umán. Los catequistas, el coro, los cursillistas, los acólitos y demás grupos parroquiales participaron activamente en la preparación de todos los detalles de la ordenación. Además de todo esto quien presidía la ordenación era nada mas y nada menos que Mons. Alvaro Ramazzini, de quien sólo escuchar su nombre causa admiración en unos y repudio en otros por su denuncia profética, valiente que realiza en Guatemala, como obispo de la Diócesis de San Marcos y como Presidente de la Conferencia Episcopal.

- César....         -Presente!

Además de las palabras antes mencionadas del saludo inicial, no quiso Monseñor continuar la ceremonia de la ordenación sin pedirle a nuestro P. Provincial que hiciera una breve reseña de quiénes son los misioneros Claretianos y quién fue San Antonio María Claret. De esta reflexión quedó resonando en él el lema de nuestro último capítulo general: “para que tengan vida”, mencionándolo posteriormente en su homilía y refiriéndolo a la vocación misionera y sacerdotal de nuestro hermano César.

Después de la reseña hecha por el P. Rodolfo, vendrían los testimonios de quienes conocían a César, de su familia, de la parroquia San Antonio María Claret donde creció y experimentó el llamado a la vocación Claretiana y de la Costa Abajo donde ha estado trabajando los últimos años. Como nota curiosa mientras el P. Jorge hablaba de la elocuencia de César, pudimos escuchar a Monseñor, que dijo en voz baja: “pues a éste también ya se le pegó la elocuencia”, puesto que se extendió un tanto en el testimonio.

Toda la celebración fue muy sobria  y ordenada, sin lujos ni adornos; sólo los que un pueblo sencillo y olvidado podría ofrecer, y donde resaltó más el sacramento en sí, que los actos sociales que puedan rodearlo. Digno de un misionero sencillo cuya aspiración es servir al pueblo pobre, lo cual ha sido una característica de nuestro hermano César desde su proceso de discernimiento vocacional hasta el presente en la misión de la Costa Abajo.

Antes de la bendición final, Mons. Alvaro Ramazini sorprendió a la comunidad con un gesto de humildad al arrodillarse ante el nuevo presbítero y pedir su bendición.

Y después... a comer. La familia de César preparó para todos los asistentes un almuerzo, el cual fue amenizado con la marimba de la municipalidad. Fue un momento muy alegre donde pudimos ver a César dando su bailadita con su madre la cual no cabía en sí de alegría. 

Al día siguiente, domingo 12 de noviembre se celebró la primera misa de César donde no faltó alguna lágrima de alegría por parte de algunos familiares, que no terminaban de creer que en su familia hubiera un sacerdote. El P. Jorge Aguilar, quien tuvo a cargo la homilía, resaltó la necesidad de una entrega generosa del Misionero y las dificultades de la vida en la misión, sobre todo cuando hay que denunciar las injusticias, ya que “estamos llamados a estar en lugares de frontera”, haciendo la comparación con el pueblo fronterizo de Tecún Umán.

Que Dios le conceda a César la fidelidad total a su vocación Misionera, que la viva con alegría y entrega generosa y que nuestra Madre Santísima sea su compañera y su protectora en los momentos difíciles de su vocación y ministerio.

Primera Misa de César

                                                   P. Javier Hernández Q, cmf.