ORDENACIÓN DIACONAL DE NUESTRO HERMANO
ÁLVARO FLORES SANDOVAL, cmf.
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Aunque algunos le propusieron cambiar La Palma por cualquier otro lugar en el Darién que tuviera agua, nuestro hermano Álvaro quiso mantenerse fiel a su pueblo y a pesar de que esa comunidad tiene semanas de sufrir problemas de abastecimiento del vital líquido, extendió a todos la invitación a que compartiéramos con él su ordenación diaconal en La Palma, lugar donde desempeña su misión junto al P. Carlos González, cmf. y al lado de un nutrido equipo de seglares que le dan a la misión sabor de cumbia, bunde y bullerengue. Fue así como el Sábado 18 de noviembre de 2006 nos dimos cita en La Palma, cabecera municipal de la Provincia de El Darién, Panamá, para compartir no sólo con Álvaro, sino con toda la comunidad eclesial de esa zona misionera, la alegría de que la Iglesia confiriera a este hermano, el Ministerio del Diaconado por medio del cual opta por entregar, como Jesús, la vida entera al servicio de Dios y de la gente. Muchos de los asistentes habíamos asistido al IV Encuentro de Pastoral Indígena llevado a cabo los días anteriores en Yaviza y llegamos hacia el medio día para esta festiva celebración que tendría lugar a partir de las 4:00 p.m. Como era de esperarse la ceremonia estuvo animada por las sonoras voces del grupo de la Pastoral Afro de La Palma quienes nos hicieron celebrar la presencia de Dios en medio de su pueblo al ritmo de tambores, maracas y panderetas. Álvaro estaba nervioso pero feliz. No era para menos al ver a todo un pueblo entusiasmado con la alegría de tenerle al servicio de su comunidad. Concelebramos con Mons. Pedro los claretianos Carlos González, Omar Coto, José Vidal Pérez, Celestino Saínz, Eddy Quirós, José Luis Chung y quien esta crónica escribe, Manuel Sánchez, en representación del Gobierno Provincial. Además concelebró también el sacerdote diocesano José Manuel, párroco de Santa Fe. El Obispo celebrante fue el Vicario Episcopal de Darién, Mons. Pedro Hernández Cantarero, cmf. quien nos había acompañado en el Encuentro Indígena y venía con nuestro grupo para aceptar a Álvaro dentro del estado clerical y al servicio de esta Iglesia Local, en la que habitan tantos empobrecidos y olvidados de la sociedad panameña. En sus exhortativas palabras, Mons. Hernández le recordó a Álvaro y a todos los presentes y radioescuchas que él no recibía la Ordenación Diaconal por iniciativa propia sino por la voluntad de Dios que le había llamado a tal servicio. Por tanto, le dijo en su homilía, que su vida entera tendría que estar, de ahora en adelante, al servicio único del Señor y no de la impureza o de la avaricia que son idolatría. Le recordó que, optando por este ministro de la caridad, se convertía en un testigo del bien y amante de las cosas de Dios; que habría de escuchar y servir al Evangelio teniendo como cimiento la fe y la esperanza y que tendría que mostrar en sus obras la palabra. Por este camino ―le aseguró― “podrás escuchar al final de tu vida estas palabras de los labios de Jesús: “Bien, servidor bueno y fiel, entra al banquete de tu Señor”. Mons. Pedro le habló también del celibato como símbolo y, al mismo tiempo, estímulo de su amor pastoral y fuente peculiar de fecundidad apostólica en el mundo. Por él, le dijo, se mantiene el corazón sin división para consagrarse a Dios y a la gente y con mayor facilidad servir al Reino de los cielos. En respuesta a la emotiva exhortación del Obispo de El Darién, Álvaro manifestó su deseo de consagrarse libremente al servicio de la Iglesia por la imposición de sus manos y por la gracia del Espíritu Santo. Expresó su disposición para desempeñar, con humildad y amor, el ministerio del diaconado, como colaborador de los sacerdotes y en bien del pueblo cristiano. Además dijo que estaría dispuesto a vivir el ministerio de la fe con alma limpia, y de palabra y obra proclamar esta fe, según el Evangelio y la tradición de la Iglesia. Asimismo, Álvaro prometió conservar y acrecentar el espíritu de oración, tal como corresponde a su ministerio y, fiel a este espíritu, celebrar la Liturgia de las Horas, según su condición, para el bien de la Iglesia y de todo el mundo. Declaró también que quería imitar siempre en su vida el ejemplo de Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre servirá con sus manos y prometió obediencia y respeto tanto a Mons. Pedro Hernández y a sus sucesores como a sus superiores Después de haber manifestado dichos propósitos Mons. Pedro impuso sus manos a nuestro hermano hondureño. Doña Martina de Dimas, a quien todos conocemos como la “Maestra Negra” fue la encargada de colocarle la estola al modo diaconal a nuestro hermano. Seguidamente el Obispo le entregó el Evangelio al cual servirá durante todo el resto de su vida y con un abrazo le deseó la Paz, gesto que acompañamos todos con un nutrido y caluroso aplauso. Después dela Misa a la Mesa…! Las comunidades habían donado, destazado y preparado una res que se compartió muy bien guisada entre todos los presentes. Al día siguiente, domingo 19, el nuevo Diácono, realizó el servicio del altar en una Misa concelebrada y muy concurrida presidida por el P. José Luis Chung, cmf. Le deseamos a nuestro flamante nuevo diácono las mejores y más agradables experiencias que se obtienen al servir ya que, como dijo Jesús: “Hay más alegría en dar que en recibir” y que, cuando por ese servicio, tenga que cargar la cruz y olvidarse de sí mismo, pueda escuchar en su corazón la voz del Señor recordándole: “No temas…yo he vencido al mundo” (Jn. 16,33). |
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P. Manuel E. Sánchez, cmf.
Prefectura de Apostolado