“Sean esforzados auxiliares de los Pastores en el ministerio de la palabra...” nos dicen las Constituciones, pero nuestro hermano de Congregación, Juanjo, no se ha conformado con ser sólo un auxiliar de Pastor, ha querido ser un Pastor de la Iglesia, y como tal, alguien dedicado plenamente al ministerio de la Palabra. Entiéndase bien eso de que él ha querido ser un Pastor, pues bien nos recordaba el Cardenal Rodríguez Maradiaga en su homilía que “Ninguno de nosotros se ha nombrado a sí mismo, es una misión que recibimos del Señor Jesucristo, a través de su Vicario en la tierra”.
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La ordenación episcopal se llevó a cabo en una emotiva y a la vez solemne ceremonia realizada a partir de las cuatro de la tarde en el Santuario de Nuestra Señora de Suyapa, patrona del pueblo hondureño, el día 16 de Julio, fecha en que los Misioneros Claretianos celebrábamos nuestro 156 aniversario de Fundación, y Juanjo, el nuevo Obispo, los 17 años de Presbítero. Fue llamativa la gran cantidad de personas que nos congregamos en el Santuario: la mayoría de los miembros de la Conferencia Episcopal de Honduras, miembros del Gabinete de Gobierno, candidatos a la Presidencia y a la Alcaldía, invitados especiales, tanto nacionales como extranjeros, y de modo especial el Pueblo pobre y sencillo, los que llegaron desde las barriadas de la urbe, los de a pie (porque efectivamente muchos de ellos tuvieron que estar de pie toda la ceremonia). Juanjo quiso representarles a todos ellos en su escudo episcopal con un pino, el árbol representativo de Honduras. En cambio, éramos pocos los Claretianos que acompañamos, quizá porque el día y la hora no nos permitió dejar nuestros lugares de trabajo. Destaca la presencia del P. Rosendo Urrabazo, quien representaba al P. General, y Monseñor Gaspar Quintana que llegó desde las lejanas tierras chilenas, aprovechando que estaba en Colombia por motivo de reunión del CELAM. |
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El monitor hizo un recuento de la vida y milagros del nuevo Obispo:
Juan José respondía con valentía a las Preguntas que le hacía el Seño Cardenal.
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- Sí, quiero. - Sí, lo prometo. - Si lo haré, con la gracia de Dios. El Cardenal quiso darnos, en la homilía, una hermosa catequesis acerca de los ritos que componen la ordenación episcopal: la imposición del libro de los Evangelios sobre la cabeza, la unción con el Santo Crisma, el anillo que recibe en la mano derecha, la mitra, el báculo. Pero entre estos signos destaca la imposición de las manos, como expresión de que el Espíritu de Dios toma posesión de una persona, la transforma y le confía un servicio particular en la comunidad. Con dicha Unción el nuevo Obispo es enviado a anunciar el amor de Dios a la humanidad, y por tanto, el episcopado no es un honor humano ni un ascenso en la carrera, ni mucho menos algo merecido, sino un don gratuito por el cual Dios confía al elegido un ministerio específico. La Diócesis de Tegucigalpa se verá bendecida por la predicación de su nuevo Obispo Auxiliar. El Cardenal no perdió oportunidad pare sugerir a los Misioneros Claretianos, representados por el Vicario General de la Congregación y por el Provincial, que nos hagamos presentes en su Arquidiócesis, no sólo para acompañar a Juanjo, sino para brindar nuestro servicio evangelizador. Le hemos escuchado y ya veremos posibilidades. Luego que el Señor Cardenal le impusiera las manos, pasaron los demás Obispos asistentes. Todos, despacio, rogaban en su interior que la fuerza del Espíritu descendiera sobre Juanjo. Terminada los ritos de Consagración del nuevo obispo, el Cardenal le prestó, por un rato, su Sede a Juan José, como queriéndole decir: “Tú eres mi auxiliar, te sentarás aquí cuando yo no esté...” Luego continuó la celebración eucarística con el recién consagrado al lado del Presidente. La filas para la Comunión se multiplicaron y, por tanto, se hicieron más cortas. De todas maneras la del nuevo Obispo no menguaba... Antes de la bendición final, Monseñor Juan José dijo unas palabras, su primera lección episcopal, a todos los presentes: |
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Y finalmente se cumplió el dicho: “de la Misa a la mesa”, aunque el trayecto era bastante largo, pues tuvimos que trasladarnos, bajo una buena lluvia, desde el Santuario de Suyapa a la Universidad Católica donde se festejó al nuevo Obispo y se nos dieron abundantes manjares, incluyendo unos cerditos que tenían una zanahoria en la trompa, sin faltar los tradicionales tamales, tan típicos de todos los países centroamericanos.
Se agradece la hospitalidad de los hondureños, y le deseamos lo mejor a Monseñor Juan José Pineda. Cuenta, Juanjo, con nuestra oración fraternal y misionera.
Rodolfo Morales, cmf.