LA VIDA Y LA MUERTE

La Ceiba.- (Por Marie J. Kawas)

El debate sobre la vida y la muerte es antiguo. Desde Santo Tomas de Aquino, hasta los tiempos de la Inquisición, pasando por etapas diversas de la historia, de país en país, hasta llegar al presente en naciones jóvenes y otras no muy jóvenes,  con enmiendas a constituciones hasta  el destierro de muchos de pensamientos liberales en el istmo y tratados sociológicos  y psicológicos sobre los  no rehabilitables psicópatas y  las luchas de Juan Pablo II en el siglo pasado hasta la presente contienda política  en nuestro país, entre liberales y nacionalistas. Claro esta, la lucha de la Iglesia Católica  por preservar la vida, por un lado, y los  turistas e intelectuales en el otro punto de equilibrio, son una gran preocupación para la ciudadanía.

Hoy en Honduras, la vida y la muerte están siendo tema  de contienda electoral y de mucha oración en la Iglesia. Algo aparentemente tan básico tiene que ser tan discutido, algo tan elemental tiene que ser tan arriesgado: El derecho de dar la vida o de quitarla, el derecho de vida o muerte sólo le pertenece a Aquel a Quien todo le pertenece, a Dios.

Me parece inútil que discutan tanto sobre un tema que no debe de ser tema: la pena de muerte por un lado, y el aborto por otro o la eutanasia en último caso. La vida no nos pertenece y como tal, no podemos quitarla ya que no es nuestra, es  un don, un regalo, un préstamo, una oportunidad. El que la da y la quita, sólo puede ser Dios y punto.

Honduras es un país que comienza  a hacer sus pinitos en la democracia, es un país en el cual el poder todavía tiene síntomas de tráfico de influencias y de corrupción; Honduras es un país donde  mis esperanzas por un poder judicial libre e independiente de cualquier conflicto de intereses han sufrido la pena de muerte; Honduras es un país en el cual todavía se acostumbra el padrinazgo para los puestos políticos independientemente de la más mínima consideración a habilidades, prestigio, honestidad. Por esto y por  mucho más, Honduras es un país donde la pena de muerte sería utilizada antes de que sea cosa juzgada, antes de que sea crimen probado sin lugar a la más mínima duda, un país donde la pena de muerte, al igual que todo lo demás en el ámbito político, sería utilizada a antojo de quien la anhela, al capricho de los mismos que ponen a sus compinches en cargos públicos sin tener el menor sentido de lo que significa ser servidor público, significado que confunden  con servirse lo más pronto posible y de lo más que se pueda, sin pudor y sin sudor. Entonces, desde este punto de vista pragmático y utilitario, pregunto, señores  jefes o padrastros de la Patria, debemos o no tener la pena de muerte en un país donde de repente y sin pruebas, dependiendo del gobernante en turno, se vuelva en contra de ustedes mismos, porque ustedes mismos no se interesaron en proveer las garantías necesarias para la protección de la vida, para la vida digna y  para la vida  con el verdadero significado de la vida.

¿Es acaso un analgésico  la solución para el dolor de cabeza?  Claro que no, es  solamente un paliativo que no elimina la causa verdadera del dolor. Igual con la pena de muerte, es un falso remedio, es un remedio cobarde, pero no elimina la razón por la cual en todo caso se aplicaría la pena de muerte. Hay que re-organizar la sociedad, retomar los valores que nos  hacen merecer ser miembros de una sociedad,  rediseñar la honestidad  e integrar la familia  en su complejidad espiritual, mental y física para que preservemos >la dignidad del ser humano ya que el matar a unos, aunque sea legalmente, solamente rebaja  a los que ejercen este derecho al mismo nivel de los que inicialmente cometieron el crimen.

Porque si la pena de muerte es aprobada por los legisladores, de repente e irónicamente  la mayoría de los ciudadanos en Honduras podrían merecer la muerte, especialmente la gran mayoría en todos los poderes del Estado. El poder mal usado y los crímenes por los cuales se aplicaría la pena de muerte, no tienen nada de diferencia entre si. La irresponsabilidad en el manejo del  erario habiendo en la nación personas con las costillas a la vista, y muriendo de hambre, con moscas sobrevolándoles ante el olor inminente de la muerte, es una falta tan grave como la de los delincuentes comunes  a quienes se les aplicaría  dicha pena de muerte.

¿Que diferencia hay entre los criminales de cuello blanco, o mejor dicho de guayabera blanca, de astuta sonrisa y palabrería fina pero siempre hipócrita y corrupta,  y los otros mas evidentes criminales, de ojos achinados y pómulos sobresalientes con mirada fríamente  dura y lacerante, de palabras soeces con gestos violentos en su lenguaje corporal? Ninguna, claro está. Sin embargo, hay otra gran similitud entre los miembros de estos grupos sociales y el resto de las personas: Todos somos hijos de Dios, amados y hechos a su Imagen y Semejanza. Todos merecemos una oportunidad y no se puede  honrar un derecho a la vida en un país que pretende defenderla enmarcándose en un esquema supuestamente democrático, como país de avance, sin estar listos para no equivocarse o para no ejercer un derecho a la pena de  muerte arbitrariamente o equivocadamente. Si es cierto que los miembros del partido liberal históricamente han defendido la vida y lo siguen haciendo con el candidato actual, es muy probable que finalmente tal vez valga la pena ejercer el derecho al sufragio, muy a pesar de que el alcalde de esta ciudad es liberal y ha traficado influencias, ha tomado decisiones unilateralmente (no tomando en cuenta al resto de la corporación municipal). Los políticos o aspirantes a serlo no  tienen verdadera conciencia de lo que es ser un Señor Presidente, dar la vida por la vida en vez de quitarla justificándose en  la gravedad del delito, ninguno  entiende el significado del servidor publico, de los derechos de los ciudadanos, de la dignidad humana.

Ninguno tiene conciencia de la vida eterna, de la vida después de la muerte. Ninguno honra verdaderamente al Dios de  Dios, al Señor de Señores, al Dueño de la Vida, porque  si así fuera, señores de falsos señores, sería yo la primera en la fila para votar, ya que actualmente  voto de diferente manera: por los mandamientos que dicen No mentir, No robar, No matar. Esa es la vida y esa es la muerte y mucho más: ya que mientras se defiende la vida del cuerpo al ejercer la pena de muerte, se adquiere la pena de muerte del alma: se pierde  la  oportunidad de  la vida eterna, creando una cultura de muerte, una sociedad sin alma llena de cobardes que escogen el camino más corto, el más fácil, no erradicando el mal desde su raíces.  Antes de considerar  un paliativo temporal a los males de la sociedad, hay que empezar defendiendo la vida del alma, los valores reales, los derechos inalienables del ciudadano. Hay que empezar a re-estructurar las familias y la mentalidad  de nuestro pueblo, rescatando la conciencia hondureña y el orgullo de ser  verdaderos hijos de Dios, honrando sus mandamientos y aplicándolos en todas las esferas de la vida. Nuevas leyes no purifican, sólo complican; nuevas penas no enmiendan, sólo remiendan.

NO a la pena de muerte.  Pues si queremos mal imitar a las “grandes democracias” que aun con su pena de muerte no solucionan sus más graves problemas, de todas maneras no estamos listos, ni jurídicamente ni moralmente, mucho menos intelectualmente. Sin embargo, esto es sólo uno más uno, no hay mucho que pensar, matar va en contra de la Ley de Toda Ley, de la Ley de Leyes, de los mandamientos.

Y punto.