LA ADICCION
UNA ENFERMEDAD DEL AUTOENGAÑO.
¿En esta etapa de la posmodernidad, estaremos los religiosos exentos o predestinados a no sufrirla?
-Previo a la reflexión considero oportuno definir de forma general ¿qué se entiende por adicción? Hoy en día son muchos los autores que se han preocupado por abarcar este terrible mal dando sus puntos de vista en varios diccionarios y libros que tratan sobre el tema. Analizando varias de ellas he hecho una síntesis llegando a una conclusión “sencilla”:
“La adicción es un acto compulsivo-repetitivo sin control-que progresivamente lleva a la autodestrucción de la persona y en consecuencia a las de su entorno”
-Para entender esta devastadora enfermedad del cuerpo, de la mente y del alma, es necesario introducirnos en los complejos mecanismos mentales y emocionales que viven las personas que padecen el problema.
-Un obstáculo común para entender la adicción consiste en el querer aplicar una lógica normal a un proceso que no responde a este tipo de lógica, sino a otra lógica, a la que podríamos catalogar como adictiva y que en la conciencia del adicto es vivida como una verdad inalienable.
-La lógica normal dice: “Si una sustancia te hace daño evita usarla”.
-La lógica adictiva diría en cambio algo como esto: “Nadie me comprende, en estos momentos usar una sustancia es lo único que realmente puede hacerme sentir mejor y aliviarme la frustración, la ansiedad o la soledad”.
-Si bien el contenido de ambos planteamientos es radicalmente opuesto, ambos responden a una experiencia subjetiva incuestionable como tal. Para el adicto en todo caso es real que el consumo de su sustancia le alivia síntomas de malestar. Lo que con frecuencia éste no se pregunta es: ¿por cuánto tiempo y a qué costo obtiene dicho “alivio”?. La visión de su realidad va estrechándose y limitándose de tal manera que se va tornando incapaz de percibir en forma objetiva y global los auténticos impactos de su consumo más allá del primer alivio o de la primera euforia.
-Para llegar a esta severa miopía mental hay que transcurrir un camino cuya duración es variable y que conforme avanza tiende a agravarse.
-Uno de los problemas severos en el campo de la detección y el tratamiento de los problemas adictivos es que con frecuencia se piensa en ellos cuando hay una sintomatología florida, complicada y dolorosa o una conducta observable que empieza a preocupar a los que conviven con la persona, en nuestro caso puede ser el hermano de comunidad.
-Por otro lado el desconocimiento del problema, la desinformación y el espejismo o “alivio” que produce el contacto inicial de la sustancia con la persona inciden para que el problema avance sin que nada ni nadie se atreva a cuestionarlo o llamarlo por su nombre hasta que alcanza dimensiones mayores.
-La historia de una adicción se inicia cuando un individuo, generalmente adolescente, decide experimentar con alcohol u otras sustancias. Provocando en él un progresivo auto-aislamiento, refugio, encerramiento. La familia, los grupos de amigos, la comunidad quedan relegados a un segundo o tercer plano porque “ya se encontró una forma para superar la frustración”, para llamar la atención o calmar sus angustias o soledades. Desde luego que esto denota una baja autoestima, muchas veces fruto de hogares disfuncionales donde alguien de la familia ha sido alcohólico o ha tenido desviaciones de cualquier tipo (el juego, la comida, el cigarro, la computadora, el sexo –homosexualismo-paedofilia-pornografía, la pastilla como fuga…) Muchas cosas se aprenden por modelamiento o “malos” ejemplos que desde niños van alimentando fijaciones negativas de energía que luego se descargan en la adolescencia y edades posteriores provocando en algunos un patrón de conducta y lógica adictiva no deseado.
-Quiero enfatizar la palabra decidir o elegir que si bien se encuentra matizada por factores psicosociales y culturales no deja de ser una posibilidad real capaz de cobrar mayor vigencia en la medida que la sociedad afronte con veracidad y realismo la educación a todos los niveles en el campo de las adicciones.
-En el caso del alcohol hoy como en antiguo ha sido y es un hecho que nuestra sociedad ha estimulado y reforzado su consumo en todos los grupos sociales. Beber alcohol representa algo deseable, viril, moderno, actual. Los mitos y creencias respecto al alcohol tienden a difundir su uso y su abuso, aspectos a su vez que se ven reforzados por una ignorancia generalizada.
-Pareciera que nos hemos acostumbrado a vivir en una sociedad de soluciones rápidas y fáciles (no solo el “traguito” sino también una espiritualidad de la pastilla-computadora-cigarro-comida…), en que se venden, líquidos, polvos para solucionar tristezas, enojos, frustraciones y desengaños; en síntesis, la cultura de los químicos para enfrentar los problemas de la existencia como tal, del diario vivir y de la convivencia social.
Y caminamos por el mundo aparentando una imagen (yo ideal) que tarde o temprano se vendrá a bajo porque en la base de nuestros estados emocionales a lo mejor se encuentra una baja tolerancia a la frustración y una vida comunitaria de subsistencia y competencia.
-Una faceta que ha caracterizado la historia del ser humano ha sido la necesidad de vivir estados placenteros y eliminar el dolor físico o moral a través de medios naturales o artificiales los cuales se han convertido en “dioses” a la medida (hedonismo).
Es como un espejismo seductor que al final se traduce en auténticos infiernos personales, comunitarios y familiares. Si tan solo aquellos que en algún momento de la vida hemos recorrido este difícil camino hubiésemos sido capaces de identificarlo en sus inicios y pedir ayuda podríamos ahorrarnos y ahorrar a los demás mucho desgaste y dolor. Pero como, analizaremos mas adelante, reconocer y aceptar una situación como esta no es fácil, porque de por medio esta el orgullo y la “auto imagen” delante de los otros.
Además la situación empeora con algunos “súper apóstoles” comunitarios que se dan el lujo de criticar y murmurar contra aquel hermano que esta pasando momentos de crisis, teniendo ellos a lo mejor también de fondo un problema de ansiedad, síntomas de depresión, nervios donde vienen y van pastillas de todos colores y tamaños o bien el cigarrito que “relaja y no hace daño a nadie”, al menos lo consideran menos dañino que el licor, inclusive algunos se consuelan afirmando que es algo “cultural” y común en nuestra sociedad. Desde que existe la justificación y negación racionalizada todos quedamos a salvo en la vida de la apariencia. Pero el cuerpo no engaña y tarde o temprano nos pasa la factura (problemas hepáticos por tanto beber; pulmonares por tanto fumar; del colon por tanta pastilla…o de cintura y hemorroides por tanta computadora y poca vida de comunidad; la quiebra por tanto juego en casinos; grandes estómagos por tragar tanta comida).
-A lo mejor esto nos puede llevar a preguntarnos: ¿Dónde ha quedado mi espiritualidad en esta pos-modernidad que nos presenta tantos retos y nos llama a vivir una vida más auténtica? Es posible que en los libros y folletos cargados de buenas intenciones e ideas.
-Pues bien, es necesario resaltar el hecho de que hoy en día contamos con indicadores de alto riesgo que son capaces de orientarnos en una labor de prevención y-o de detección oportuna en los problemas de abusos de: sustancias – cosas-personas.
-El primer antídoto para evitar el autoengaño es la información veraz. En este sentido y en el caso del alcoholismo conocemos dos factores de alto riesgo para desarrollar la enfermedad:
1.-Presencia de alcoholismo en familiares directos (algunos estudios muestran que los hijos de alcohólicos tienen cinco veces más posibilidad de desarrollar la enfermedad del alcoholismo que la población general).
2.-Un alta y temprana tolerancia al alcohol, es decir requerir dosis mayores al promedio para mostrar síntomas de intoxicación. El “aguante”, como popularmente se llama, representa un factor de autoengaño al que podemos catalogar como un fenómeno pre-alcohólico y no de inmunidad al alcoholismo como generalmente se le cataloga.
- La alta tolerancia al alcohol generalmente se acompaña de efectos subjetivos, placenteros, que podrían ejemplificarse con la siguiente frase: “al fin encontré lo que necesitaba para sentirme bien”.
- Según explican los médicos especialistas en el campo se lleva a cabo una conexión, un “clic” perfecto entre el individuo con predisposición o condicionamiento y el alcohol; en esta interacción contribuyen factores genéticos (bioquímicas) relacionados con neurotransmisores cerebrales y factores psicoemocionales. (culturales-tradicionales)
- Estas primeras memorias connotadas en forma muy positiva quedan fuertemente grabadas en la memoria del individuo (se da una fijación temprana); en esta etapa el bienestar subjetivo es amplio y los costos de la incipiente dependencia son nulos o insignificantes.
- La experiencia placentera se repite una y otra vez (compulsivamente) con una particular característica: la respuesta es predecible y garantizable, el esfuerzo para obtenerla es nulo, la disponibilidad de la sustancia abundante y por si fuera poco el entorno social estimula y aplaude el consumo.
- Otro factor que caracteriza a las personas es que no somos predecibles, estamos sujetos a humores, actividades, necesidades propias, la sustancia es incondicional e inmediata. Las ventajas son evidentes en el marco de la mentalidad inmadura, que no ha aprendido aún a postergar y a posponer como es la mentalidad adolescente.
- Esta etapa de “amistad perfecta o luna de miel”, asegura el establecimiento de nexos afectivos entre el sujeto y su sustancia u objeto en donde la virtud de la alta predictibilidad del efecto químico desarrolla una relación de confianza y apego, casi diríamos de amor sin querer violar el profundo y humano significado de esta palabra.
- Este es un elemento que aunado a los mitos y creencias irracionales en relación al alcohol y al alcoholismo permite fundamentar un sistema de pensamientos y de bloqueo emocional que permitirán el avance de la dependencia a pesar del incremento de sus costos y consecuencias. El sistema del autoengaño esta en marcha.
- En otras palabras para nadie es fácil aceptar la traición, ante una sustancia que dio y prometió estados anímicos singulares y placenteros y que después se los empezó a cobrar en forma creciente y progresiva; el individuo se niega consciente e inconscientemente a aceptar la realidad. Por eso la importancia de confrontar con caridad y no criticar o hacer juicios destructivos del otro como que si yo nunca he vivido momentos de crisis o debilidad.
- La negación -que mencionamos al inicio- como tal es la piedra angular sobre la que se fundamenta y desarrolla la totalidad del sistema adictivo y la continuidad del consumo a pesar de las adversas consecuencias que van surgiendo en el camino.
Esta negación se origina y se alimenta en varios elementos entre los que podemos destacar:
La negación en su sentido más amplio incluye a una serie de mecanismos mentales, en gran medida inconscientes y no proposititos que cumplen la incondicional función de mantener al circuito y ritual adictivo a través de tener al adicto sistemáticamente alejado de su realidad y de sus emociones.
-Entre otras defensas compatibles con el sistema negatorio tenemos:
1.-La negación propiamente dicha se expresa en frases como: “no puede ser cierto”, “no soy alcohólico porque puedo dejarlo cuando quiera”, “Yo no me hago daño ni se lo hago a nadie”, “No soy alcohólico porque no bebo a diario”, “No se porque estoy tan panzón si como poco”. “no se por que dicen que era yo el que vieron con….”
2.-La minimización consiste en: “No es tan grave”, “Mi problema no es tan grave como el de otros”,”Solo bebo los fines de semana”,”Es solo cerveza lo que yo tomo”. “es solo un cigarrito al día, a quien va a ser daño”. “casi exigido fui a visitar a esa familia y comí demasiado”. “es solo un amiguito que yo le ayudo todos los días a….”
3.-La proyección: “Otro es el problema”,”ustedes no me comprenden”,”Es por culpa de las presiones del trabajo”. “Solo en mi se fijan”. “Todos son mal pensados””mírate primero a ti mismo y hablamos…”
4.-La justificación: “Unas copitas para el frió”, “Unas chelas para el calor”, “brindis por el cumpleañero”,”Sabadito alegre”. “una vez al día no hace daño”. “Me siento muy solo en mi comunidad, por eso voy todos los días a visitar a…” “fue una jordana durísima de trabajo me merezco….”
-No pretendo caer en juicios de valor respecto a las actitudes y acciones de las personas, ni andar con el “sospechómetro” en la mano” como lo suelen hacer los “súper apóstoles”; solo se trata de darnos cuenta cómo funciona y se refuerza la lógica adictiva negando y justificando todo. Al final termina siendo automática o parte de nuestros patrones de conducta diaria que no nos dejará ser honestos con nuestros actos, palabras y pensamientos. Lo peor es que creemos que los demás no se dan cuenta.
-En términos generales estas defensas cumplen su función y logran una desconexión emocional de la persona consigo mismo y con otros. Difícilmente acepta o habla de sus sentimientos de inadecuación o si lo hace, es con planteamientos destructores y evasivos algunas veces agresivos.
-La vergüenza, el enojo y el miedo van implantándose en la personalidad, ganan terreno pero no son reconocidos y enfrentados en forma clara y abierta. De hecho si en algún momento son enfrentados se puede abrir una puerta por donde entre un rayo de luz capaz de iluminar las percepciones engañosas con que vive.
-Es a través del restablecimiento de un contacto emocional como la persona enferma puede empezar a destruir el muro de piedra de sus propias defensas; cuando los consejos de buena manera no son suficientes llega el momento de confrontarlo y por supuesto que eso no es fácil para el que le va a tocar hacerlo: superior-amigo-El Gobierno Provicincial…los laicos que todo lo ven y algunos con buena intención y preocupación lo hacen arriesgándose a lo que pueda venir con el confrontado.
-El restablecimiento de un contacto emocional adecuado implica necesariamente enfrentar el dolor y ubicar su procedencia real que se encuentra en sus propias acciones. Este momento implica ver la propia realidad de frente en su real dimensión dejar de auto compadecerse, negar-evadir y racionalizar todo a nuestro favor y en cambio empezar a dar cabida a una nueva actitud: la responsabilidad personal sobre la propia vida.
-Generalmente, estos eventos se desarrollan como un proceso gradual en el que va supliéndose la autoconcepción de victima en el mundo y de las circunstancias, por una visión más relista en donde el implicado juega el papel de actor de su propia vida. El resultado natural de éste proceso es llegar a la conclusión de que no se puede manejar el alcohol, pero si puede manejar su propia vida, si se pone en la disposición adecuada para hacerlo y reconocer que la sustancia-persona u objeto predilecto lo esta llevando poco a poco a la autodestrucción, a una vida ingobernable que atenta con hacerle perder la vocación recibida si no acepta que es impotente ante la adicción.
-Una posibilidad para neutralizar el autoengaño de la persona adicta-aparte de la confrontación ya mencionada- es que los otros cercanos a el no se auto engañen también justificando o secreteando sus actos y por el contrario colaboren desde su posición al avance del problema.
-Por ello me parece importante subrayar la trascendencia de que todos estemos dispuestos a informarnos, a educarnos y a enfrentar al alcoholismo y otras adicciones como lo que son: enfermedades susceptibles de ser detectadas oportunamente y tratarlas con posibilidades de éxito en un gran número de casos.
-Recordemos que estamos dentro del concepto inicial de lo que podemos entender a grandes rasgos por una adicción: un acto compulsivo y repetitivo sin control- donde la vida de la persona se vuelve ingobernable.
-Aquí no estamos en contra del hermano (a) o persona que puede controlar normalmente unas copas, un brindis de cumpleaños, una cerveza con el almuerzo u otra para el calor y luego irse a descansar o continuar la tarde o el día tranquilamente; o el que tiene una computadora como medio de apostolado y no descuida el pueblo ni su comunidad; el que come tranquila y modestamente sin tragar,…en fin. El problema se da cuando el acto se hace repetitivo, compulsivo, sin control y progresivamente nos lleva a la autodestrucción y mi vida se vuelve ingobernable y encerrada.
-Los que ya traemos un condicionamiento genético (heredado de nuestros padres-abuelos) y modelado por la sociedad a través de nuestra historia, es mejor abstenerse de abusos, yo diría que “venga lo que venga y pase lo que pase” es mejor no tomar por convicción y amor a mí mismo, a la vocación-familia-. Así no corremos el riesgo de despertar una adicción latente.
Si por casualidad alguien esta viviendo momentos difíciles en su vida, recuerde que lo importante es hablar las cosas con alguien de confianza (no reprimirse ni aparentar que todo anda bien), si realmente amo mi vacación estaré dispuesto a luchar por ella y seguir cuidando ese tesoro recibido gratuitamente y que llevamos en vasijas de barro. Se trata de acercarse a alguien de confianza con humildad y sinceridad para buscar o pedir ayuda. Yo estoy completamente seguro de que si damos este paso no seremos defraudados. Gracias a Dios hay muchos hermanos capaces de comprender; y hoy en día también hay muchos medios y herramientas posibles que nos pueden ayudar a salir adelante: retomar nuestra vida de oración y compromiso evangélico desde nuestro carisma; ayuda terapéutica-espiritual; grupos de autoayuda (A y A, narcóticos anónimos, comedores compulsivos, para desviaciones sexuales…)
-Pero repito ante todo y sobre todo hay que hacer un alto en el camino (buscar o pedir un tiempo de retiro para recuperarnos y fortalecernos) para darnos una oportunidad y empezar a ser verdaderamente honestos en todos nuestros actos, palabras y pensamientos.
Jesús nos revela el sentido de la vida: nos reveló con palabra y signos al Dios de la vida (Mc 12,27), que quiere que todos sus hijos e hijas vivan. Hoy estas palabras nos resuenan a aquellos que un día hemos tenido la experiencia de ser hijos pródigos de que tenemos un Padre misericordioso que quiere que el pecador se arrepienta y viva. Es el Padre que, cuando regresa a casa el hijo pródigo, se alegra y organiza una fiesta porque estaba muerto y “ha vuelto a la vida” (LC 15,32) y a retomado el rumbo de su vocación evangélica-misionera claretiana.
-Por cada hermano que sufra una “crisis” o adicción o por cada hermano que busque fuera de su comunidad escapes o fugas; la comunidad tendría que revisarse en su bases humano-fraternos de convivencia y preguntarse: ¿realmente hemos tratado de ayudarle; de ser amigos y hermanos (Cc.n.15 y 16) en este proyecto de vida evangélica propuesto por Jesús y San Antonio Maria Claret? ¿Qué tipo de vida fraterna y comunitaria estamos llevando? Muchas veces estamos en la vanguardia de “mi” proyecto y “éxito” individualista y nos olvidamos que a nuestro lado hay otro a quien Jesús me enseñó a llamarlo prójimo, y hermano. ¿Qué hacemos con tantas conclusiones y folletos que nos llevamos a casa una vez terminadas las reuniones programadas durante el año? A lo mejor cuando llega de visita el Gobierno Provincial les decimos: “nos cuesta reunirnos, nos cuesta hacer un retiro mensual, estamos llenos de actividades y proyectos…””el trienio esta empezando no todo lo podemos hacer a la vez”… Al menos empecemos y hagamos nuestros trabajos más por convicción que por obligación.
-En este punto sería interesante dar una mirada o re-leída al documento que recientemente sacaron nuestros hermanos superiores reunidos en Nicaragua el pasado 20 y 25 de Septiembre 2005, donde se hace un análisis de nuestra realidad comunitaria y nos dan unas propuestas serias y oportunas para el buen funcionamiento de nuestras comunidades; especialmente los talleres que impartió el P. Provincial Rodolfo M, cmf. Sobre El rol del animador en la vida religiosa el cual lo considero oportuno para sacar un rato de retiro comunitario y al final de la jornada dialogar sobre algunos de sus temas. No se trata de hacerle ver al animador comunitario lo que tiene o no tiene que hacer para que todo marche bien…todos somos la comunidad y en nosotros esta el poder mejorar nuestras relaciones fraternales; esto le daría un mayor espíritu de vida evangélica a nuestros proyectos y en cada reunión pastoral los acuerdos no quedarán en el papel para revisarlos el próximo año o después de cada Asamblea General o Provincial donde al final nos echamos “otro rollo” para aparentar que todo marcha bien. ¿Pero las personas?
-Todos estamos en camino de conversión, el tiempo que se aproxima de adviento nos invita a no perder la esperanza y tomarnos en serio la vida que hemos elegido libremente, en gratuidad y amor. Limar asperezas de una integración que según muchos sólo hemos logrado en estructuras y proyectos pero a un nivel de personas nos queda camino que recorrer (Cc.n.17).
-Yo me identifico mucho con San Pablo, él nos pone su ejemplo: “No sea que alguien se forme de mí una idea superior a lo que en mi ve u oye de mí”. (El peligro de la apariencia-vanagloria-presunción del yo ideal sobre el yo real) “Y por eso, para que no me engríe con la sublimidad de las revelaciones recibidas, fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea (puede ser hoy en nuestro caso una adicción, una crisis, un enamoramiento, una soledad, el individualismo que crea fugas comunitarias) para que no me engríe. Por éste motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo: “Mi gracia te basta, que mí fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”…por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias-calumnias, en la necesidades…cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte”. (2Cor.12, 7-10). Lo primero para ir quitando poco a poco ese “aguijón es hacer conciencia de lo que lo causa, enfrentarme a mi realidad, buscar ayuda y dejarme ayudar.
Personalmente he descubierto eje aguijón y me he dejado ayudar y hoy por hoy me siento totalmente agradecido con mi vocación misionera bajo el carisma claretiano y de poder seguir sirviendo al Señor de la vida y de la Palabra que nos dice:
“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10)
Fraternalmente,
P.Omar Coto, cmf.