

Este invierno ha sido muy crudo en Panamá. Las aguas han causado muchos estragos en personas, casas y sembrados de los pueblos de la Costa Abajo de Colón, lugar que atendemos misioneramente los Claretianos.
Esta foto está tomada en Río Indio. Varios periódicos la pusieron en portada. No, precisamente por el carro que hace equilibrios, sino por la fuerza del agua que se llevó el puente y dejó aislados a los habitantes de la Costa... El pueblo está asentado en la desembocadura del río; parte sobre una colina, parte a la vera de la corriente. Se podría pensar que el inmenso del mar calmaría las iras del río, pero en esta ocasión unieron fuerzas y arrasaron: se perdieron vidas humanas, casas, enseres domésticos, plantaciones, y casi casi, las ansias de vivir. Si solamente se hubieran perdido las ansias de vivir junto al río, tendríamos algo positivo. Es la recomendación que se les hace a la gente: “No pongan la casa tan cerca del río...!” Pero muchas veces no hay otro lugar para poner la casa, si no se le roba al río parte de su cauce... Este, con la connivencia del mar, se vengó...
El Guásimo no está junto al mar. Hay que subir las aguas del río Miguel con un motor fuera de borda, o gastar las fuerzas durante tres horas si se usa el canalete... Con alguna frecuencia El Guásimo ha experimentado lo fácil que le es al río, en días de fuerte tormenta, saltarse los muros de barro que le oprimen. Muchas veces el agua entraba a las casas por la ventana y se llevaba lo que podía sacar por la puerta, o ventanas, si los dueños se descuidaban... Esta vez se llevó techos, paredes y hasta casas enteras... No respetó ni la iglesia del pueblo, que ha quedado totalmente destruida...
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Tampoco Boca de Toabré, ni Cuatro Calles, están junto al mar; pero tienen dos ríos Coclé del Norte y Toabré que se llevaron prácticamente todo... Las cuarenta familias de Cuatro Calles están buscando lugar donde colocar sus nuevas casas, porque no ha quedado nada en pie. Lo mismo podemos decir de Santa Elena, Sabanita Verde, San Lucas y Coclé del Norte, que han tenido que buscar lugar para asentarse, y lo mismo de Caimito, donde un árbol se llevó la vida de una pareja que trabajaba en el río sacando oro. |
| Esta foto nos muestra cómo quedó la capilla de Cuatro Calles. |
Estos días ha estado el P. Jorge Aguilar por esos pueblos, viendo a la gente sufrida y necesitada. Ponemos sus palabras:
Los 3 Misioneros Claretianos, con casi 120 comunidades en un área geográfica que abarca más de 2,000 kilómetros cuadrados, hacemos equipo con Laicas (2 seglares) y Religiosas Claretianas (2). Nuestro trabajo pastoral incluye la evangelización y promoción humana en todas sus dimensiones.
Las comunidades son marginadas, de difícil acceso, los niveles de vida son bajos, hay precariedad en educación, salud y vivienda; no digamos en la alimentación. 1,500 familias han quedado sin alimento y alrededor de 700 sin vivienda.
Para su sustento se dedican a la agricultura (arroz, yuca, plátano, ñame, algunos árboles frutales, etc.), también se dedican a criar algunas vacas, puercos, gallinas, etc. Viven estrictamente del autoconsumo, practican el trueque, y a veces logran vender algo de lo que producen, crían o pescan, ese dinero lo utilizan para comprar: vestidos, zapatos, aceite, jabón, fósforos, azúcar, sal, medicinas básicas y populares.
25 comunidades vivían cerca de los ríos, a una distancia que oscila entre 50 y 150 metros; están ubicadas en los sectores de Río Indio, Guásimo y Toabré, fueron días intensos de lluvia. Cuando los campesinos se levantaron, a eso de las 5:30 A.M., el agua estaba bordeando sus casas; se dio la alarma de la inundación al toque de la trompeta, pero en cuestión de minutos las casas quedaron inundadas o desaparecieron río abajo.
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La gente huyó a las cimas más altas del lugar, hasta que el agua comenzó a bajar por la tarde. En medio de la tragedia, los campesinos daban gracias a Dios porque la inundación había sido de día; si hubiera sido de noche tendríamos que lamentar muchas muertes. En los días siguientes el Estado, desde sus diferentes instituciones: SINAPROC (Sistema nacional de protección civil), MIVI (ministerio de la vivienda), FIS (Fondo de Inversión Social), etc.), prestó la ayuda de emergencia. Al no poder llegar a las áreas más lejanas, han realizado algunas estadísticas para ver de qué forma ayudan a los necesitados, pero hay que contar con la burocracia y los intermediarios; la buena voluntad del Sr. Presidente de la República se ha hecho manifiesta, decretó la alarma a nivel nacional y delegó inmediatamente en los colaboradores la responsabilidad, falta ver cuán eficaces serán sus colaboradores en esta exigencia. Hemos recorrido las comunidades para constatar los desastres, la gente quedó sin casa, sin pertenencia, porque se fueron con la casa, y sin comida, pues todas sus plantaciones quedaron devastadas por la crecida de los ríos. |
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| La casa cural de Santa Elena (foto de arriba) resistió la fuerza del agua, pero la iglesia (foto de abajo) quedó totalmente destruida; ni siquiera el piso pudo resistir. |
(Copiamos del periódico La Prensa, 17 de Diciembre de 2006)
A un mes de las inundaciones, que causaron grandes destrozos a miles de familias humildes, las autoridades gubernamentales aún no culminan el censo que realizan en esas áreas. Se conoció que existen comunidades en donde la ayuda no les ha llegado, ni siquiera la encuesta que realizan varias instituciones gubernamentales, según dieron a conocer las personas afectadas. La última cifra, dada a conocer por el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) en su momento, indicaba que las fuertes lluvias en las áreas de Coclé, Colón y Capira, habían dejado 11 personas muertas, 1.290 damnificados, 264 viviendas con daños totales, 879 con daños parciales y un total de 4.530 personas afectadas. Esta cifra aumentó cuando se conoció que el fenómeno natural también había alcanzado a la Comarca de Kuna Yala. Posteriormente, las lluvias se trasladaron a la provincia de Veraguas y Bocas del Toro, en donde también se reportaron daños.
Los residentes de las más de 50 comunidades del área norte de Coclé que sufrieron los embates del frente frío, que provocó fuertes lluvias, deslizamientos e inundaciones, intentan rehacer sus vidas en medio de la tristeza, la desolación y la falta de recursos. En medio de estas limitaciones y sin conocer a ciencia cierta cuál será su futuro, las personas han comenzado a ver cómo regresan a su rutina de antes, la mayoría, no puede esperar a que el gobierno defina sus estrategias de ayuda.
... Hace quince días que los funcionarios comenzaron las encuestas en las zonas montañosas afectadas, pero todavía no han terminado de hacer las tabulaciones y no se ha definido la cantidad total de afectados, ni los recursos que se necesitan para la reconstrucción de las comunidades.
El gobernador de Coclé, Darío Fernández, señaló que se elaborará un informe a la presidencia para solicitar el dinero que se requiere para comenzar los trabajos. Marta Márquez, directora del Ministerio de la Vivienda (MIVI) en Coclé, dijo que con la ayuda de la Dirección de Catastro y el SINAPROC de han hecho evaluaciones y se han preparado planos de los modelos de vivienda que se construirán, pero antes tienen que ser aprobados tomando en cuenta la cantidad de damnificados y los lugares donde serán reubicados. Rubén Gonzáles, uno de los afectados por las lluvias en la comunidad de San José II en el corregimiento de Guásimo, distrito de Donoso, en la costa Debajo de Colón, dijo: “Fue algo grande, no dio chance a rescatar nada, vi mi casa levantarse por la corriente como si fuera nada, es triste ver cómo el pueblo donde vivo desde hace 30 años desapareció en cuestión de minutos. Tuve que salir corriendo hacia una loma, el agua entró por la casa y la levantó como si fuera nada, los ocho que vivimos allí quedamos sin vivienda”.
Los residentes de esa comunidad tienen ya 25 días de estar viviendo en la intemperie con lo poco que quedó en el desvanecido lugar. Aseguran los afectados que a la fecha se mantienen sin recibir ayuda gubernamental. Verónica Martínez, presidente del Club de padres de familia de la comunidad, manifestó que todo es impresionante y dijo que se destruyeron viviendas, escuela, producción y acueductos, y que todavía no han sido evaluados por el Gobierno. En la comunidad viven al menos 18 familias, las cuales se mantienen refugiadas en los puntos altos. Para los residentes, la situación es preocupante porque debido a la destrucción de los acueductos tienen que consumir el agua de las quebradas y ríos, la cual aseguran está contaminada.
Gabriel Caballero, director regional del SINAPROC, explicó que según las evaluaciones se han percatado que existen demasiadas áreas vulnerables a inundaciones que fueron arrasadas por el desbordamiento de los ríos. Añadió que entre las comunidades cuyas familias deben reubicarse definitivamente están las de San Lucas, Villa del Carmen y Nazaret en Coclé del Norte, y El Guásimo. Hasta el momento unas 5 comunidades de Coclé del Norte: Sabanita Verde, Santa Elena, Santa Lucía y Santa María, todavía no han podido ser evaluadas por lo inaccesible del área