ORDENACION DE DIACONO DE FREDY CABRERA

“El Señor ha estado grande con nosotros

y estamos alegres”

La historia viene de atrás: desde el seno materno. Y, si me apuran un poco, del seno entrañable del Padre Eterno. Vocacionado para el servicio en la Iglesia Fredy ya viene rastreando desde hace años le senda que conduce a la entrega total de sí mismo por la Causa del Reino de Dios. Y es un camino por etapas: aspirantado, postulantado, noviciado, consagración, diaconado. Hasta ahí llegamos, por ahora.

Casi desde su traslado a Roatán (Islas de la Bahía), se planteó como posible fecha de la ordenación de diácono la fiesta de nuestra Fundador: era lunes y un buen día para la comunidad claretiana de la Ceiba y para las demás comunidades. Posiblemente no era buen día para los lugareños. Tampoco lo era para el Obispo ordenante Mons. Juan José Pineda Fasquelle CMF. Entiendo que se entrenaba y se estrenaba como Obispo ordenante en esta oportunidad. Total que, visto todo, se determino que fuera el sábado 22 de octubre a las 10 de la mañana en West End (Isla de Roatán)

Los papás de Fredy (Víctor Manuel y Mary) llegaron unos días antes bajo las amenazas de lluvia que traía el huracán Katrina. Quién más quién menos nos temíamos un buen remojón para ese día. De remate la ceremonia iba a ser a cielo abierto cobijados por la sombra de bambú de ese hermoso lugar conocido como la Catedral Natural en Bamboo Hut. La única seguridad era la inquebrantable fe de nuestro buen Abraham isleño el P. Faro Bengoechea: “Pero… ¿ no tienen fe en el Señor o qué?” Estaba claro que , contra todo pronóstico, no iba a llover ese día; pasara lo que pasara. Y los hombres de fe inquebrantable no se equivocan: no llovió; ni gota.

El sábado 22 en la mañana llegaban en avioneta el P. Eduardo y el P. Bernardino al aeropuerto de Roatán.  Ellos representarían a los claretianos de Honduras que no pudieron llegar para ese momento. Fredy nos esperaba. Nos fuimos en taxi a la casa de Coxen Hole. Es la sede de la Vicaría del Corazón de María ….   Aquello parecía un hormiguero. Más de una veintena de familiares de Fredy llegaron de Guatemala un par de días antes y se habían ubicado en un hotelito cercano. A la hora que llegamos sonaban platos y cubiertos en aquella pequeña cocina y comedor: era la hora del desayuno. Para todos hubo y, tal vez, hasta sobraron algunos canastos.

Mientras, llegaban del aeropuerto el P. Rodolfo Morales desde San Pedro Sula y Monseñor Juan José Pineda desde Tegucigalpa acompañado del P. Gustavo, Rector del Seminario mayor de Tegucigalpa. Un busito tras veinte minutos de viaje, nos trasladó hasta  West End,  donde está ubicada la Catedral Natural de Bamboo Hut.

Allí había color y alegría, familiaridad y corazón de fiesta. El marco no podía ser más sugestivo y motivador: por ábside y bóveda unas enormes cepas de bambú inclinado con reverencia hacia la mesa del altar. Por techo, el cielo, que ese día lucía casi radiante; solo algunas bondadosas nubes para mitigar el calor. Las rústicas bancas insuficientes y las sillas provistas para el caso, también.

Todo listo. Llegó la hora de la celebración, las 10 de la mañana.  El Obispo accede a que antes de la Celebración se de lugar y tiempo para proclamar el Rosario Bíblico del Diácono que el P. Faro había preparado con especial cariño para esta oportunidad de fiesta. Por cierto que al P. Faro se le veía transfigurado el rostro y henchido el corazón.

Casi me atrevería a decir que a Fredy lo siente como el hijo de sus entrañas sacerdotales. Los misterios diaconales trajeron a reflexión del pueblo congregado la misión del diácono-servidor: Los 70 ancianos poseídos por el espíritu de Moisés, los discípulos de Jesús diaconando los panes a la multitud, Esteban el Protomártir, Felipe y el Diácono Fredy. Un gesto bello y emotivo de Fredy, mientras se rezaba el misterio, ponía de manifiesto ante todos la vocación y disposición de servicio para con la comunidad a la que le toca servir: lavó los pies de un grupo de fieles rememorando la entrega y servicio de su Señor y del Maestro.

Termina el Rosario y se organiza la procesión de entrada. Resuenan los cantos en aquella bella Catedral de bambú y comienza a sentirse ese hormiguillo en el corazón del que presiente que algo grande y hermoso va a acontecer de inmediato. Los ojos van y vienen escudriñando cada momento y cada paso: El Obispo, los acompañantes sacerdotes, el ordenando, los familiares del ordenando que en más de una ocasión tienen que acudir a sus ojos para espantar las lagrimas de la emoción. Nadie quiere perderse nada.

El P. Rodolfo presenta al Obispo al ordenando y solicita en nombre de la comunidad cristiana que sea aceptado para el orden de los diáconos.

Monseñor Juanjo estuvo en su mensaje especialmente cercano y amigo con Fredy. En lenguaje familiar y fraterno le recordó su misión y servicio en la Iglesia, su lugar y tarea con la comunidad. Insistió en lo importante que es saberse acompañado en todo momento por la comunidad y por sus hermanos de congregación.

¡Hubieran visto el rostro del P. Faro! Y sus ojos¡  Radiantes, casi casi tirando a transparentes.

No podía faltar la Comunidad Garífuna que, al ritmo de tambores y danzas, presenta la Palabra que va a ser proclamada. Más tarde lo harán con las ofrendas. Aprovecho para dejar constancia de la presencia de las comunidades cristianas de Roatán que acudieron a esta cita: Diamond Rock, Lucy´s Point, Punta Gorda, French Harbour, First Bight, Los Fuertes, Coxen Hole, Corozal, Sandy Bay y West End. Seguro que falta alguna de mencionar.

Inician los ritos de ordenación. El P. Gustavo; Rector del Seminario Mayor de Tegucigalpa, entona la invocación del Señor, de nuestra Madre María y de toda la corte celestial, pidiendo su protección y su presencia para quien va a asumir tal misión de servicio para la comunidad. Fredy, postrado en tierra y el corazón abierto recibe toda ayuda posible de la iglesia que a lo largo de la historia peregrinó en la tierra y forman parte de ese glorioso ejército de “siervos buenos y fieles” que participan de la dicha de su Señor.

Interrogatorio del Obispo y repuesta clara y decidida de Fredy: “Sí, estoy dispuesto”. Sus papás y el P. Eduardo le ayudan con la estola cruzada y la dalmática. Y Mons. Juanjo le entrega la Palabra que, como diácono, a Fredy le tocará meditar y administrar.

Continúa la celebración entrelazada de cantos y lagrimas de emoción, oraciones y gestos de alabanza al Buen Dios que tanta confianza deposita en sus hijos. El abrazo de la paz fue especial mente significativo y cargado de emoción para Fredy y su familia. Seguro que para todos ellos la comunión se convierte también en especial momento de acogida de la voluntad de Dios y agradecimiento.

Termina la celebración litúrgica. Un almuerzo suculento y danzas garífunas coronaron esta hermosa celebración.

Al final lo que queda es la conciencia de que “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” La emociones hicieron nido en el corazón y se van con nosotros. Para Fredy la conciencia y el reto de una misión grande y hermosa por realizar.

Felicidades, Fredy. Cuentas con la fuerza de Dios, la cercanía de tus comunidades cristianas y el acompañamiento de tus hermanos claretianos. Ya sabes: el camino sigue y “se hace camino al andar”.

Bernardino Ruiz CMF

 

 

Dos signos me impactaron y me trazaron con claridad el camino a seguir en mi ministerio:

-         el lavatorio de los pies a unos delegados y animadores de las comunidades.  Esa es mi  misión: servir y acompañar el caminar de esta gente.

-         la presentación de un recién nacido para el momento de  las ofrendas. En ese pequeño bebé  vi reflejadas a las tres islas y era como recibirles en mis manos.  Se me está  confiando la vida de todos los hermanos y hermanas de estas comunidades.

Fredy Cabrera, cmf.