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La novena, había sido preparada por toda la Asamblea Parroquial y a cuyo auxilio llegó Loly, nuestra eficiente y audaz secretaria, pues se volvió un brazo de mar atendiendo, escribiendo, pasando en limpio, vendiendo la tómbola, organizando los encargos y venta de los suéteres, pidiendo las donaciones de viandas y dulces, recibiendo las flores y organizando su distribución y sobre todo dando clases al nuevo párroco de cómo debía caminar la cosa, pues era la primera vez que celebraba esta fiesta. |
Todos los días en el templo, no cabía un alfiler. Acertadas palabras de los predicadores, todos sacerdotes de esta diócesis, a quienes invitamos para estrechar lazos de amistad y cercanía, ahora que "somos nuevos", y para corresponder al cariño con que nos han acogido. Reflexión profunda de los fieles, devoción filial a la Madre de Dios mientras se hacían las preces del "librito", cantos y gran alegría de participación, animados por las melodiosas voces de los diferentes coros.
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Mientras un Sacerdote celebra, el otro confiesa; largas filas, gente de todas las edades y con mucha compunción, la Madre de Dios llamando a conversión e invitándonos a todos: "haced lo que él os diga". Alegría por todos lados, interés por la oración, participación en todo y de todos, y después al Rancho Claret, la fiesta, la hora de la alegría, que durante esos días se hicieron "horas"; todos los días presentación de diferentes grupos artísticos, cantantes, imitadores, bailes folclóricos, reinados de jóvenes y niños, noches de recuerdo para los más viejos, quienes tiraron el bastón a un lado y buscaron pareja para tirar sus pasitos temblorosos, recordando tiempos ya idos. Comedera diaria, exquisitos platillos preparados por las manos delicadas y maravillosas de las señoras de la Sociedad del Corazón de Jesús, frías gaseosas y sudadas cervezas fielmente servidas por Eros, Ito y compañía, que calmaban la sed de los bailarines, cantantes y público en general. |
En medio de todo "el gran día familiar"; los niños corrían por las calles que habían sido cerradas para su seguridad, otros andaban en bicicleta, otros jugaban fútbol en la calle trasera de la Iglesia, ahora limpia y preparada para el uso parroquial, por supuesto que otros lloraban después de las caídas o para llamar la atención de sus padres, quienes estaban muy ocupados en participar del bingo, que les dejaría graciosos premios.
Llegó el momento de la procesión del mar, hora: dos de la tarde; lugar de salida: Club Náutico, gente: ni hablar; todos con sus gorros de marinero, aunque nadie con salvavidas, para eso estaba la segura embarcación del Servicio Marítimo Nacional y la colaboración del personal de Protección Civil. Un mar de gente sobre otro mar, todos arriba de la embarcación de la mejor manera esperando para zarpar y el personal del barco acomodando a todos para poder navegar sin tener nada que lamentar; por fin, después de un pitazo, remamos "mar adentro", cantos, el rosario y más cantos; los más jóvenes alegraban a todos con sus dinámicas y ocurrencias, alegría sin igual.
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Al instante muchas lanchitas junto a la
Virgen, haciendo gracias delante del barco, tirando claveles rojos en el
agua y sonado música de acordeón para alegrar el día a la Madre de
Dios. Claro, alguno de estos "cantaores" ya estaban un tanto
“alegres” y “entonados” también.
Un momento y todos frente a "La Playita", el consabido pitazo del barco y las manos que se abanicaban para mostrar su amor a la Virgen; más lanchitas y botes; más grande el grupo y rápido a dar la vuelta a la bahía; las grandes embarcaciones de los muelles de Zona Libre saludaban al paso de la Señora con sus roncas sirenas y su fuerte trompeteo, marinos que rezaban y se quitaban su quepis para mostrar respeto, y el día, nublado y fresco, no podía ser mejor. Al regreso y frente al Hospital, la bendición y oración para la ciudad, más cantos hasta tocar tierra; la bajada, una complicación, sobre todo para la gente mayor, sabían como se habían embarcado pero no sabían como bajar, ya se les había olvidado, así que a sacar músculos y tener que cargar a más de una octogenaria abusiva que había decidido navegar. |
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Inicia la procesión "de tierra", tal y como la llaman; todos muy ordenadamente por grupos y representaciones; detrás de la cruz alta, la Sociedad del Corazón de Jesús, los angelitos, (no hubo que pedirle al pintor que pintara angelitos negros), los Praesidium de la Legión de María, la Reina del Grupo Juvenil, los niños del grupo folclórico con sus atuendos. Delante de la imagen de la Virgen marchan ordenadamente los alumnos de la Escuela Náutica, impecables con sus uniformes blancos y paso militar, engalanando aún más así el desfile de fe y devoción; el anda estaba bellamente adornada, la imagen en medio de un jardín; todos queriendo empujar, todos "queriendo pagar manda"; detrás, un mar de gente: cumpliendo promesas, cantando y rezando el rosario, gritando loores y vivas a la Virgen, a la Iglesia y a la ciudad de Colón.
Frente al Hospital una oración y una bendición para los enfermos y para quienes se dedican a su cuidado; continuamos, larga, muy larga la procesión, en su recorrido y en su contenido; realmente "la botó” Colón: unos viendo desde el balcón, otros rezando al paso del anda, otros guardando silencio y otros entrando a participar de la manifestación de fe más grande que existe en esta ciudad a la Madre de Dios.
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Cohetes, campanas, música de la banda de los bomberos, y calle de honor al momento de llegar a la Iglesia... Inicia la misa, muy solemne y sobre todo muy concurrida. Terminada, nadie se quiere ir, todos al Rancho y a seguir la fiesta. Pareciera que todo terminó, la gente satisfecha, comenta, ríe, descansa y planean; todos pensando ya en el año venidero, mientras yo no termino de digerir lo impresionante que para mí resultó esta maravillosa experiencia de despliegue de amor a la Madre de Dios. |
Marco Antonio Pineda, cmf.
Párroco