Desde las sombras de los tiempos
¿Su nombre originario proviene de las palabras “Anta-Colla” (reina del cobre) o Anta-cari (oro molido)? Nadie lo sabe. Lo cierto es que desde muy antiguo ha sido “uno de los ríos de oro que hay en el mundo” como dijo alguien. La codicia humana no podía perderse esta oportunidad. En tiempos del imperio inca ya los indígenas trabajaban en recoger metal para pagar tributos. Después llegaron ellos: los invasores de barbas largas que denominaban el poder del trueno: a escopetazos, mordiscos de perros, latigazos y gritos se hicieron dueños de todo lo que no les pertenecía. Entonces los indígenas tuvieron que talar las pocas arboledas para despejar terrenos, abrir boquetes, cavar túneles y seguir arañando el corazón de la tierra para pagar tributo a los intrusos. Así se secaron muchas fuentes, se agotaron las vertientes y el agua se puso escasa (Agustín Cabré Rufatt: El Santuario de Andacollo).
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El oro de Andacollo era famoso antes de la llegada de los españoles. Los indios lavaban el oro y lo mandaban al tesoro de los incas. Claro que en aquellos tiempos el oro no era comercial, sino metal ritual. Se usaba como ofrenda a los dioses. Ahora nos damos cuenta del problema que se presentaba a los misioneros para la evangelización, ya que los conquistadores convirtieron el oro en un metal de comercio y rompieron el sentido ritual que tenía en tiempos de los incas…Hasta el día de hoy Andacollo sigue produciendo oro del bueno. Hay épocas en que se produce más y otras menos, pero las entrañas de estas tierras siguen engendrando el metal tan querido y apetecido, orgullo de los hombres y vanidad de las mujeres: unas para lucir en las fiestas y reuniones de gala y otros para pagar deudas internas y externas. |
Desde hace siglos se saca oro de estas montañas, y hoy los 1.500 piriquineros ---así se llaman los que sacan el oro de la tierra y que no son apatronados--- siguen sacándolo para poder vivir y alimentar a su familia” (David Gómez Juárez: Recuerdo de un pueblo”, 1985).
La Presencia de María
Aproximadamente entre el año 1560 ó 70, un indígena que recogía raíces o hierbas secas para el fuego de su rancho, se encontró en un matorral una pequeña imagen de la Virgen María. Desde ese momento, en el rancho de esta familia pobre se empezó a dar culto a la santa imagen de María. Los mismos bailes y ritos que antes servían como homenaje a los dioses de los incas, sirvieron para demostrar la alegría y el cariño. Es así, como hoy, después de muchos años continúa prevaleciendo la devoción, la fe y el amor a Nuestra Señora del Rosario de Andacollo.
Me sorprendió la fe del pueblo en Andacollo
Invitado por el rector del Santuario, P. Jesús Pastor, cmf., fui a predicar la novena preparatoria a la Fiesta Chica de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, que se celebró el 1 de octubre. El lema giraba en torno a la culminación del año de la Eucaristía convocado por el papa Juan Pablo II el 4 de junio del año pasado: “Virgen María, guíanos a la Eucaristía. Durante esos días tuve la oportunidad de vivir y experimentar más de cerca la religiosidad popular que vive nuestro pueblo pobre. Quedé profundamente sorprendido de la gran fe que aún manifiesta nuestra gente pobre ante el misterio de Dios manifestado en la persona de su Madre santísima.
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Fueron días en los que la gente me enseñó a vivir la fe desde la sencillez de la vida que María vivió e irradia en Andacollo. Agradezco a toda la gente de Andacollo y a nuestra Madre santísima porque me permitieron llenarme de esa espiritualidad mariana tan viva y actuante en nuestros pueblos latinoamericanos. Junto al pueblo andacollino elevamos a María nuestras plegarias de gratitud por el regalo divino que significa su devoción, incubada y afianzada de modo tan maravilloso en esas alturas. Y le confiamos los sufrimientos y preocupaciones de nuestros pueblos por tantas lacras y desventuras que los afligen, como las drogas, los embarazos adolescentes, la falta de trabajo y oportunidades, la prostitución infantil… |
Por cierto, con mucho mayor afluencia multitudinaria se elevarán nuevamente estas plegarias a fines de diciembre, en la Fiesta Grande de Andacollo.
Ángel Iván García R., cmf.
Misionero panameño en servicio y estudio en Chile