Después de haber pasado veintiséis años guardado entre los salones de clases, las casas de formación, los estudios de especialización y tantas actividades a nivel educativo, con horarios muy bien establecidos a nivel de oración, horas de levantada, comidas, etc. De pronto me llega el nombramiento para asumir una responsabilidad en un área donde siempre soñé trabajar como un simple misionero de a pie, hoy me toca enfrentar la realidad desde una nueva perspectiva, totalmente diferente, sin muchos horarios y con un ritmo de actividades, donde todo lo va proyectando el Señor.
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Mi vida ha dado un vuelco de más de ciento ochenta grados, donde no puedo hacer comparación con todo lo vivido en mis años anteriores. Todo es diferente, lo único bueno y bello es vivir la aventura de cada día, sin hacer muchos miramientos y con el deseo de conocer siempre el proyecto de Dios sobre mí y sobre esa porción del pueblo que El me ha encomendado. Desde el mismo día de mi ordenación episcopal, realizada por la mañana, tuve que salir después de almuerzo hacia la Palma, para celebrar la fiesta patronal de esa zona misionera y dar inicio a la Semana Santa con la procesión y celebración del Domingo de Ramos; inmediatamente después regresé a Metetí para preparar la celebración de la Misa crismal; después de la misa crismal, realizada el martes santo, me marché para El Real de Santa María, donde pasé el resto de la Semana Santa, visitando las comunidades de Pinogana, Yape y Boca de Cupe. El Domingo de Resurrección, después de la Eucaristía en El Real, pasé a Yaviza, donde realicé una primera visita, reuniéndome con el equipo de Yaviza, quedándome hasta el miércoles de pascua, de regreso a Metetí pasamos muchas peripecias en la carretera, ya que se había metido de lleno el invierno con sus lluvias fuertes en esa zona de misión. |
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Con tanto botón no atino |
De inmediato comencé las visitas a las comunidades de la zona de Metetí, luego pasé a la zona La Palma. De visita a las comunidades de Chepigana, Setegantí y en la comunidad de Quintín me tocó vivir la muerte del Papa Juan Pablo II. Esto me hizo salir hacia Panamá, capital, para participar en la celebración fúnebre en la Catedral Metropolitana.
Hacia mediados de abril me marché a Jaqué, donde participé en el encuentro de pastoral Afro, tuve que salir dos veces por la Boca de Jaqué, tan famosa por sus peligrosas olas; pude conocer la región de Puerto Piña. De Jaqué salí en barco hacia La Palma y de la Palma a El Real de Santa María, donde pude reunirme con el equipo misionero que atiende esa zona.
De El Real de Santa María pasé a Yaviza para participar en la primera reunión comunitaria de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, que trabajan en esta zona misionera de Darién.
Entre tanto, durante todo ese lapso, se dio la muerte de Juan Pablo II y la elección del nuevo Papa Benedicto XVI, lo cual me hizo sentir que había vivido toda una temporada como encargado de esa región del Señor.
Inicié las visitas a las comunidades de la región de Metetí, A finales de abril realicé la visita de Agua Fría N° 2, donde puede visitar las comunidades de Arenal, Platanilla, Río Pavo y Aguas Buenas. Pude tener una primera reunión con los delegados de la Palabra y catequistas de ese sector.
A inicios de mayo tuve la participación en mi primer consejo pastoral, donde aclaramos algunas cuestiones sobre la manera con que deseo trabajar; deseo respetar lo que se programó en la asamblea del vicariato, aunque existen cambios involuntarios que se van dando debido a situaciones inesperadas que van surgiendo sobre la marcha de nuestro caminar en esta realidad darienita.
En mayo visité las comunidades de Santa Fe, donde participé en la asamblea zonal, luego pasé a las comunidades de Santa Marta, Tamarindo, Aguas Claras y Río Román; este viaje tuve que hacerlo a caballo, ya que los caminos están intransitables.
Una vez finalizada la visita a esta zona salí rumbo a Nicaragua, donde pude visitar a mi familia y mi pueblo como obispo ordenado; fue una experiencia interesante, ya que dentro de las actividades participé en la toma de posesión del nuevo arzobispo de Managua y dentro del diálogo tratamos de hermanar nuestras porciones cristianas en la oración y acompañamiento, ya que los dos nos estamos iniciando en nuestro respectivos ministerios.
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De regreso de mi país pude salir hacia Garachiné, donde participé en la cita eucarística con todos los equipos misioneros y algunas delegaciones de cada zona misionera. Una vez terminada la experiencia de la cita, salí para Jaqué. En Jaqué pude visitar toda la zona misionera, sin dejar ninguna comunidad por fuera; comencé con las seis comunidades del río Jaqué, luego pase a Cocalito y Guayabito, para finalizar en Puerto Piña; en todas las comunidades tuve una buena acogida y voy descubriendo la necesidad de un crecimiento en la fe por parte del pueblo de Dios. De Jaqué pasé a Sambú, donde pude visitar siete comunidades, durante una semana; logramos llegar hasta Pavarandó, donde se hizo la bendición de todas las casas de la comunidad; siempre en todas estas giras nos han acompañado muchos aguaceros, pero hemos tratado de sobrevivir a estas realidades naturales. De Sambú salí hacia Metetí, donde continué las visitas a las comunidades de la carretera. En la segunda quincena de junio tuvimos que realizar lo que es para mí el segundo consejo pastoral, donde he podido participar y hemos tratado puntos importantes para el buen funcionamiento de nuestras acciones pastorales. |
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En la iglesia de Garachiné |
En la primera semana de julio participé en a asamblea de la Conferencia Episcopal Panameña, donde se me asignó trabajar en la pastoral de migrantes. Pude conocer a todos los obispos, lo mismo que al nuevo obispo elegido de la diócesis de Coló- Kuna Yala; toda la actividad estuvo orientada al problema de la Caja del Seguro Social de panamá; pudimos reunirnos con todos los gremios afectados, comenzando con el presidente de la República. Con quien he podido encontrarme por tercera vez desde que he sido ordenado obispo.
Una vez finalizada la asamblea salí rumbo a la República Democrática del Congo, donde realicé mi primera experiencia episcopal, como obispo ordenante de dos hermanos del Congo, que fueron mis estudiantes formandos en la primera etapa de mi vida misionera en el Congo; también pude celebrar la clausura del año académico de quienes estuvieron conmigo hasta antes de ser nombrado vicario apostólico de Darién.
Una vez de regreso a Panamá me integré de nuevo a las actividades en la zona de Metetí; hacia el doce de agosto salí con el regional de los Vicentinos para El Real de Santa María, donde participamos de las fiestas patronales, el 15 de agosto; pero antes celebré una Eucaristía en Pinogana, donde recibieron la primera comunión once niñas de la comunidad; una vez concluida la celebración patronal salí con Narcisa Jaén, Margina y Jesenia rumbo a Subiaquirú, donde celebré 46 bautizos, de ahí pasamos a la comunidad Kuna de Paya, donde tuvimos la oportunidad de conocer una nueva realidad; toda esta etapa vivida durante una semana fue de lluvias constantes. Salí de esa zona con una gripe muy fuerte.
A lo largo de la semana del 22 al 26 de agosto participé en el diálogo de la Caja del Seguro Social, como garante para la buena marcha del diálogo. Una vez finalizado ese tiempo, regresé a Metetí, donde continué conociendo las comunidades de la carretera.
El ocho y nueve de septiembre tuvimos nuestro tercer encuentro del consejo pastoral, con la participación del Nuncio Apostólico de su Santidad en Panamá, Monseñor Giambattista Diquattro, quien salió muy contento y con deseos de seguir apoyando las actividades pastorales del Vicariato.
El diez de septiembre salí para Garachiné para realizar la visita pastoral, visitando las comunidades de Taimatí, Cémaco, Playa Muerto y participando en la Novena de Nuestra Señora de las Mercedes; lamentablemente el 22 de septiembre salí de manera apresurada para panamá, con el fin de participar en los funerales del Padre Mauro Ocharan, quien falleciera el 21 en la madrugada.
El 24 de septiembre participé en le primer encuentro de delegados de la Palabra de la zona de Agua Fría, que se preparan a través de una buena catequesis para conformar el grupo de Ministros extraordinarios de la Comunión.
El 5 de octubre tuvimos una reunión extraordinaria del consejo pastoral para programar las actividades del ochenta aniversario del Vicariato Apostólico de Darién, que se constituyó como Vicariato el 29 de noviembre de 1925.
El 9 de octubre salí rumbo a Bogotá, Colombia, para participar en un curso de formación permanente para los Obispos, organizado por el CELAM; en esta oportunidad me enteré de lo mucho que me falta para seguir adelante mi labor como pastor de una porción del Pueblo de Dios, primero por la falta de documentación de todo lo que ha publicado la Santa Sede al respecto, luego por lo mucho que he de tomar conciencia de mi nuevo rol dentro de la Iglesia; es algo que debo trabajar fuertemente dentro de mí mismo.
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El 15 de octubre que regresé de Bogotá, salí inmediatamente para Metetí, hacer noche y continuar hacia Yaviza, donde participé de la Semana Afro y comencé la visita pastoral a través de los Ríos chico, Tupisa y Tuqueza, con un pequeño intervalo, visitando las comunidades de Boca de Cupe, Yape, Pinogana y El Real, en 23 de octubre, para compartir en esa zona el Día Mundial de las Misiones. También pude dialogar con la superiora Provincial de las Hermanas Salesianas. La primer semana de noviembre la pasé visitando las comunidades de Río Congo, entre ellas La paz de Río Congo, San Juan de Dios, Barriales, La Reserva, Peñita y Bajo Bonito. Cada lugar fue una experiencia propia e interesante para compartir con esas personas lo que el Señor nos permite vivir dentro de los fenómenos naturales que siempre nos condicionan nuestro caminar. |
Como pueden ver, he podido recorrer gran parte de la Provincia de Darién, con todo lo que ello implica; algo que puedo sacar de lección es que nunca estamos hechos y debemos seguir aprendiendo de nuestro pueblo fiel; el hecho de dormir en las casas de nuestros hermanos indígenas, negros y campesinos me da la posibilidad de integrar los valores culturales que nos toca vivir cada día y comprender que siempre es bueno vivir libre de toda atadura que pueda bloquear nuestra acción pastoral.
Siempre es necesario salir de uno mismo y de aquellos parámetros construidos durante muchos años de vida religiosa; la congregación me permitió vivir de manera estable, con horarios fijos, habitación, cama, horas de comida y de oración establecidas; ahora el Señor me pide desinstalación de todo aquello vivido durante veintiséis años seguidos.
Lo que mucho soñé en mis años de estudio de vivir como misionero itinerante dentro de mi vida religiosa, hoy lo vivo fuertemente y con mucha pasión desde otra perspectiva y con una misión concreta que la Iglesia ha puesto en mis manos.
Debo dar gracias a Dios por todo el apoyo que me han brindado todos los equipos misioneros para realizar todas estas visitas, lo mismo que la comunidad del Santuario Nacional del Corazón de María, donde todos los padres han estado pendientes de mis giras. Espero seguir creciendo y trabajando por ser el pastor con los mismos sentimientos de nuestro Señor Jesús en la labor de cada día. Soy consciente que debo seguir trabajando mucho por mi conversión; pero cuento con la ayuda y el apoyo de mis hermanos de Congregación que siguen estando siempre a mi lado en este proceso de introducción a este nuevo estilo de vida.
+ Pedro Hernández Cantarero, cmf.