País: Guatemala,
Lugar: San Cristóbal,
Año: 2000,
Situación: Votos Perpetuos.
Sí, esa fue mi primera experiencia positiva de Quinquenio, ya hace seis años. Ahora, después de un tiempo, sigo creyendo que el Quinquenio, así como la vida religiosa en general, es una gracia especial de Dios que debemos aprovechar para ayudarnos a mejorar, tanto como personas, como en nuestro estilo de vida y servicio misionero.
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No
cabe duda que cada evento tiene su particularidad, pero hay algo que para
mi no debe cambiar en nuestro Quinquenio: el de vivirlo como ese
reencuentro con nosotros mismos, a través de encontrarnos con el hermano
con quien iniciamos este caminar; esta Bienaventuranza, que cada día nos
depara cosas nuevas, unas muy buenas, otras más difíciles de entender y
asimilar, pero todas ellas con el propósito de seguir revelándonos que
nunca terminamos de aprender, de crecer y de conocernos; que
llevamos un Tesoro en vasijas de barro.
Estos momentos de compartir han sido para mí: |
| Oración de la mañana |
- muy saludables, pues al estar con los demás voy descubriendo nuevos retos o desafíos que la sociedad y el cambio de época nos deparan. Somos conscientes que debemos estar preparados para no sucumbir, a veces “ingenuamente”.
- De mucha Alegría: ¡cómo no va a dar alegría el reencontrarse con los hermanos con quienes luchaste, sufriste y viviste momentos agradables y no agradables durante la formación, pero que logramos vencer gracias a la confianza y abandono en las manos de Dios, y que nos ha ayudado a seguir con nuevas perspectivas, anhelos, metas!
- Es una experiencia fortalecedora, precisamente por lo que de saludable tiene y la alegría del reencuentro que nos fortalece y anima en nuestro caminar; en proponernos nuevas metas, sabiéndonos limitados pero acompañados por Dios y por todos nuestros hermanos que ya han caminado los senderos de nuestra Provincia de Centro América y que ahora esperan mucho de nosotros, mucho de positivo, mucho de bien, de una u otra manera nos ven con esperanza.-
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De fraternidad: Una experiencia donde, a pesar de todas nuestras limitaciones e incompatibilidades, experimentamos la hermandad; esa fraternidad que nos ayuda a caminar con más seguridad, a sentimos apoyados, no sólo por aquellos con quienes vivimos la formación inicial, sino con aquellos que sabemos se mantienen unidos con toda la provincia a través de la Oración, aquellos que creen aún en la fuerza de esta herramienta tan importante para la salud espiritual y que quizá hemos dejado muchas veces en segundo plano y por tanto pasamos a ser también misioneros de segunda categoría, no por la posición evangelizadora que tengamos sino por la calidad del fruto que se vaya produciendo; hemos sido enviados para que “demos fruto y ese fruto sea duradero”. Quizá sea esto lo más importante dentro de los espacios del Quinquenio: el poder ayudar a fortalecer la fraternidad, valorar la comunidad, a pesar de no tener a nuestro lado a quien, según nuestro querer, deberíamos tener. |
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PP. Vennantius, Héctor Lagos, Manuel Sánchez, Enrique García. |
Por eso y muchas cosas más… el Quinquenio no es solamente un momento para dejar nuestras responsabilidades pastorales e ir a vacacionar, sino un espacio para que, como hermanos, podamos compartir en fraternidad las experiencias que nuestra vida misionera nos va ofreciendo a cada paso de nuestro camino y así seguir llevando la Buena Nueva a todos aquellos que esperan de nosotros una palabra de Esperanza.
- Gracias, Padre, porque sigues contando con nosotros, siervos inútiles.
- Gracias, Jesús, por iluminar siempre nuestro camino.
- Gracias, María, que acompañas nuestro caminar.