1. EL ROL DEL   ANIMADOR EN LA VIDA RELIGIOSA

1. Las dificultades por las que pasamos:

-algunos no quieren ser animadores,

-algunos sufren porque no son nombrados,

-algunos saben muy bien como animar pero no son capaces de hacerlo,

-algunos llegan a serlo y se olvidan de todo lo que pensaban antes,

-algunos no quieren dejar de serlo.

2. Lo que es incuestionable:

-la necesidad de una animación en cada comunidad o provincia,

-la necesaria claridad en orden a una relación entre animador  y  cohermanos,

-la no siempre fácil relación entre autoridad y cohermanos,

-la necesaria referencia al seguimiento de Jesucristo y a los  valores evangélicos,

-la necesaria referencia a la invitación del Vaticano II, de los Documentos de la CLAR y de la Congregación a una renovación de la VR.

3. Que no es el animador:

-un  jefe,

-un buen gerente,

-un dictador,

-el dueño de casa.

4. Quién es un animador:

-un seguidor de Jesucristo: servidor,

-alguien que pone "ánima en la comunidad",

-alguien que ve la situación de la comunidad pero ocupándose de  cada hermano,

-alguien que se preocupa primordialmente del entusiasmo por Cristo y el Reino,

-alguien que crea comunión.  Así realiza la vida de la comunidad eclesial,

-alguien que reconoce la diversidad de carismas que el Señor regala   a la comunidad,

-alguien que sabe vivir la universalidad evangélica: se niega a favoritismos. Es  alguien capaz de acompañar a los hermanos en el difícil y tortuoso camino de su seguimiento de Jesucristo.

5. Cualidades del animador:

-buscar vivir los valores del evangelio privilegiando:

a. el servicio,

b. la humildad,

c. la capacidad de escucha,

d. la sinceridad,

e. la contemplación,

f. la radicalidad.

Esto lo  hace consciente de ser también alguien que está tratando de vivir la vida religiosa junto con sus hermanos. Así el animador será un continuo buscador, y que evaluará si está o no prestando ese servicio.

            2. ANIMACIÓN PARA EL SEGUIMIENTO DE JESUCRISTO

1. ¿Cómo tipificamos el seguimiento de Jesucristo?

- Es una palabra que llama. Por ello se anima para la vivencia de la Palabra. El animador debe con su testimonio entusiasmar a su comunidad para la lectura cotidiana y asidua de la Escritura. El invitar a la comunidad a experimentar la Lectio Divina como un modo habitual de vivir, irá dando gusto a la habitación en la casa de Jesús.

-Esa palabra se toma en serio: para discernir las situaciones de la vida, las que son fruto de la libertad como las que se nos imponen por las situaciones del momento. El  animador debe insinuar y formar a la comunidad en el discernimiento a la luz de la Escritura. La conciencia de resurrección o la fe en la resurrección consiste en vivir de tal manera que las actitudes, las acciones y los valores se transforman ante la pregunta que nos hace la Palabra de Jesucristo.

-La gratuidad de la llamada: es iniciativa, es don, es gracia. La animación conlleva el que con cierta periodicidad tomemos conciencia de la gratuidad de esta llamada. Somos hombres  frágiles, y por esa fragilidad nuestra se muestra la grandeza del Dios que nos llama y salva.

-La libertad de la respuesta: "si quieres", es igualmente gratuita. Sentirse libres en el seguimiento de Jesucristo, tomar conciencia comunitaria de que somos religiosos  en plena y absoluta libertad, porque queremos y porque nos fascina. Es una tarea de verdadera animación en este tiempo de tanta desilusión y desencanto.

-El componente místico y el componente práctico son inseparables. Cuando ellos se separan viene la esquizofrenia en la vida religiosa o en cualquier vida cristiana. O la contemplación que aliena o el activismo que esteriliza.

2. La persona y la causa de Jesús: fascinación del seguidor.

La fascinación por Cristo es la que refunda la relación de autoridad. La conflictividad del momento histórico trasmite como por ósmosis, con buena voluntad, comportamientos sociales que hacen la relación muy compleja.

No es por la caída del modelo dominador dominado y la búsqueda de implantación del modelo dialogal que debemos decir que la autoridad está en crisis, sino porque hemos pasado de un modelo fundado en criterios sociales y humanos al modelo de Jesús. Refundar la relación es saber que la autoridad no tiene que ver con el poder sino con la calidad del testimonio. Es la búsqueda común de testimonio lo que da autoridad en la vida religiosa y no la capacidad de mandar o dominar.

3. CONFLICTOS EN LA RELACIÓN DE AUTORIDAD

1. Las posiciones ante el conflicto:

-negación,

-supravaloración,

-angelismo,

-búsqueda de un chivo expiatorio,

-aceptación del conflicto para transformarlo,

-saber sacar lo que Dios dice a través de él,

-la consecuencia fatal de lo anterior: el desencanto.

2. La experiencia de Jesús como los evangelios la presentan:

-Jesús no busca el conflicto, le viene.

-La causa no es la búsqueda de intereses personales sino su predicación.

-La causa es la ley de la alianza ante la ley de la pureza.

-La causa es la nueva relación al Padre.

-La causa es la nueva solidaridad con los hermanos.

-La causa es la actitud ante la muerte y la persecución.

-Jesús no se desencanta ante la limitación de sus discípulos sino que ella le hace consciente de la hondura de su misión y de la fortaleza que tiene que venirle de la confianza sin condiciones en el Padre y de la presencia del Espíritu

3. Cómo enfrentar los Conflictos:

-aceptándolos,

-mirándolos serenamente,

-reconociendo lo que ellos traen de pecado: negación de la  fraternidad, de la armonía, del amor,

-buscando sanar las heridas causadas: paciencia evangélica,

-sabiendo reconocer la propia limitación: para no engañarnos creyendo que podremos resolver todas las dificultades que se presentan. Algunas dificultades deben remitirse a otras personas, o a profesionales (cuestiones sicológicas) o a directores espirituales o a superiores  mayores.  Ello no desdice de mi capacidad sino antes bien me ubica en la limitación de mi propia búsqueda,

-orando juntos: el gran logro de un  animador es mantener la necesidad de orar y el lograr orientar la oración a partir de la vida, de los sueños, de los deseos insatisfechos, de las ilusiones y esperanzas, de las tristezas y fracasos, una oración pascual y encarnatoria,

-aceptando la bondad de los hermanos, su espontaneidad. Estrictamente hablando nadie está lleno de malas intenciones. Generalmente, los hermanos  crueles o rebeldes  o neuróticos son personas que llevan su situación como una carga. Una madre en el hogar soporta a su hijo o hija deficiente, le busca soluciones, un padre en el hogar siente en su propia carne el sufrimiento de su hijo descarriado.

En la vida religiosa necesitamos algo de esa mentalidad del hogar, y para ello entrar en la dinámica de la superación del modelo conventual.

Se entiende por superación del modelo conventual una vida regida por horarios, reglamentos, normas que todos y todas debemos cumplir. Si algo falla en el cumplimiento de lo anterior, entonces consideramos que la vida religiosa se está destruyendo. Algunos  creen que la vida religiosa está en dificultades porque no ha sabido mantener el rigor y la estrictez del pasado. Olvidan que este tiempo es otro, que nacieron en la cultura del libro y estamos en la cultura de la imagen, que nacieron en los tiempos de los principios y de los grandes relatos y estamos en los tiempos de los pequeños relatos, de la fragmentación, de la imposibilidad de asegurar con radicalidad tantas cosas.

El modelo de hogar se entiende en los términos de la familia nuclear tradicional. En donde las relaciones se tejen a partir del amor de sangre y en donde todo se mira desde ese mismo amor. Por ello, la familia incluye las discusiones, las desavenencias, la angustia ante las dificultades de uno de los hijos o hijas pero prevalece el sentido del bien de la persona, de su cuidado, de su preservación. Se ama y por ello no se escatiman esfuerzos para encontrar y buscar soluciones o salidas a las dificultades. Y se soporta y se tolera. Aquí sí que vale el decir de la carta de Pablo, el amor es comprensivo.

Del convento legalista al hogar como casa religiosa en donde se busca la espontaneidad y la libertad, en donde los momentos de oración no pueden ser fardos pesados pero tampoco ser momentos que se buscan según el libre arbitrio o libre voluntad de cada uno. En donde se comprende que  un hermano llegue cansado y no despierte con la misma rapidez que otra, que sea necesario llamar con cariño para recordar la hora, porque es bueno para todos  y no porque es necesario cumplir con un reglamento que parece mas importante que los altibajos de la vida cotidiana.

No estamos en una búsqueda de cumplimiento de unas determinadas maneras de organizar la vida. La vida religiosa es toda la vida, por lo tanto, no podemos estar prendidos de normas sino de un espíritu que se conquista a lo largo de la vida toda. Que nos hace comprensivos incluso con aquellos  que  hemos descubierto que debemos darle otras oportunidades a sus vidas.

4. EL SERVICIO DE AUTORIDAD

La autoridad es un hecho de relación. No existe la autoridad en sí. Existe porque alguien vive de tal manera que su autoridad se funda en la profunda coincidencia consigo mismo, este es el sentido de la autoridad de Jesús. Por ello quien tiene autoridad puede influir sobre otros, sobre su comportamiento, sus opiniones, sus acciones, sus maneras de ser.

La capacidad de impactar al otro,  de suscitar en él  preguntas y alternativas para vivir señala el influjo de nuestra autoridad, pero es necesario tener presente que toda persona que tiene autoridad provoca una reacción en los demás. O de aceptación o de rechazo. La autoridad es ineludible. Por ello es necesario que tengamos claro que no es lo mismo tener autoridad que tener poder.

En la vida religiosa algunos o algunas tienen poder pero no tienen autoridad. Y esto lo entendemos en el contexto de todo lo dicho. La refundación del servicio de superior pasa por esta necesaria transición de esquemas:

-de la capacidad de mando a la capacidad de escucha,

-de la firmeza para las decisiones a la búsqueda de comprensión de lo que pasa en el hermano,

-de la intransigencia a la magnanimidad,

-de la impasibilidad a la sensibilidad ante el dolor de los demás,

-del poder al servicio.

Un desplazamiento hacia la animación de la vida espiritual y carismática. Un desplazamiento hacia la animación en la Lectio Divina y en los grandes valores de la espiritualidad, historia y carisma y de la comunidad.

De esta manera no son las personas con don de mando las que tienen carisma para ser superioras, sino las que tienen autoridad. Y si a la autoridad se le une una cierta capacidad administrativa y organizativa, entonces tenemos el superior ideal. El problema está en que a veces estas dos cualidades no vienen juntas. Pero lo que sí debemos retener con claridad es que la autoridad evangélica es la condición primera para una animación refundada.

SICOPATOLOGÍA DE LA AUTORIDAD

Algunos sicólogos consideran que la necesidad y el deseo de dominar son un sueño humano de siempre. Hay un tirano que duerme en cada uno de nosotros desde que tiene poder. Según esto es necesario diferenciar entre el deseo de ser uno mismo y el deseo de dominar. Este último puede llegar a ser morboso.

Es necesario que el superior  tenga capacidad de decisión, convicciones profundas, confianza en sí mismo pero la impaciencia ante las limitaciones de los demás, el rechazo de las resistencias, es decir, de quienes no comparten sus modos de pensar o decidir, el deseo inconsciente de venganza que llega a ser opresor de los hermanos  hacen que la pasión por el poder dé un viraje patológico.

La gran patología en la relación de autoridad es la autocracia, venga del superior o venga de los hermanos. El autócrata  ama el poder por el poder, lo disputan, son incapaces de soportar la crítica, por ello buscan aniquilar la oposición sin escrúpulos acerca de los medios utilizados, (desacreditar una búsqueda novedosa, ignorar un servicio valioso, hacer comentarios de doble sentido que levanten sospecha sobre las personas, inventar historias, la ironía, la sátira, la calumnia). Por ello la persona autócrata acusa fácilmente a los otros, provoca complots en su contra, sobretodo si siente que es alguien que se constituye en amenaza para mantenerse en el poder o continuar con él en el futuro. Disfruta el culto a la personalidad y hace reinar en terror en los demás: humilla, sanciona, amenaza, pone a unas personas en contra de las otras, siempre se glorifica.

La personalidad autócrata ha sido estudiada por Sanford, Levinson,  Podemos caracterizarla así:

1. Rigidez: se niega a la flexibilidad, comprensión, a la fe en la capacidad de evolución de los otros, y se hace incapaz de cambiar de opinión.

2. Intolerancia: ante la ambigüedad o incertidumbre, por ello se opone a la búsqueda de lo nuevo, niega sus propias ignorancias y dice saberlo todo acerca de lo que los demás estén proponiendo. Siente terror ante la puesta en jaque de sus afirmaciones.

3. Incapacidad de percibir justamente al otro: por ello se proyecta en los demás creyéndolos incapaces de aceptar sugerencias y acusándolos de rígidos e impermeables. Por ello es incapaz de hacer una evaluación serena de la personalidad de sus hermanos  y desarrolla fuertes sentimientos de envidia con visos enfermizos.

En contraste con la personalidad autocrática, degeneración de la relación de autoridad por parte de quienes animan, podemos identificar algunas patologías en los hermanos  que conforman una comunidad local o provincial:

         1. Algunos necesitados o necesitadas de padre o madre encuentran en recompensa superiores  patriarcales o maternales, protectores en búsqueda de adoración filial y dependencia de sus animadores, dependencia que es generalmente infantil porque busca la exclusividad de los beneficios que le puede conllevar su relación al superior o superiora por lo que es fácil que estos hermanos  entren en rivalidad envidiosa con los otros.

2. Otros  para quienes el superior  encarna el ideal que tienen para consigo mismos, por ello siguen con entusiasmo a alguien que representa su ideal.

3. Aquellos que responden a superiores  buscando amor. Aquí podemos encontrar una gama que va del amor platónico a la divinización con culto a la personalidad.

4. El animador  como chivo expiatorio de hermanos  que buscan descargar su envidia y agresividad en él o ella. Esta situación puede conllevar relaciones extrañas en cuyo juego jamás debe caer un superior  asumiendo el papel de víctima. Es el típico caso de religiosos  que atribuyen todos sus males o límites a sus superiores desde el promotor vocacional hasta el provincial.

5. Aquellos que no saben cómo sortear sus dificultades en el trabajo porque el superior   toma sobre sí las responsabilidades y las decisiones para liberarles de toda culpa o ansiedad.

6. El superior  viviendo situaciones morales no propias de su estilo de vida y los hermanos  que no soportando esas situaciones, deciden imitarlo para que así todos estemos en las mismas. Los hermanos  ya se tranquilizan ante la situación generalizada.

7. El hermano  que se atormenta ante el buen ejemplo de su animador a causa de sus pensamientos, deseos o conductas disfuncionales. Entonces se reprimen para seguir el modelo como debe ser, se sostienen por un tiempo con el ejemplo pero luego se vengan al dejar de estar con esa persona acusándola de incomprensiva o radical.

 HACIA UNA RELACIÓN SANA

La relación de autoridad es lo contrario de la arbitrariedad. Y la relación refundada es precisamente una superación de muchas formas de arbitrariedad que han hecho carrera en la vida religiosa contemporánea. Por ello, mientras más autoridad tiene un animador  menos necesidad tiene de medios materiales de presión para hacerse obedecer y lo contrario.

La relación de autoridad supone por lo tanto que ella es reconocida y aceptada que todos asumimos un servicio para el crecimiento comunitario y la organización de la vida cotidiana en función del seguimiento de Jesús y el crecimiento carismático. Por ello no hay autoridad si ella no es reconocida y aceptada. La autoridad es el “poder” de obtener sin recurso a la represión física cierto comportamiento de parte de aquellos con quienes compartimos la vida. Excluyendo la fuerza. Lo que genera autoridad es la aceptabilidad de las propuestas hechas. Por ello, si se excluyen las relaciones de fuerza, entonces las relaciones que se establecen deben ser de confianza. Sin confianza, el poder no es más que opresión.

El animador desde una perspectiva refundacional puede identificar su servicio a través de cinco verbos: animar, organizar, informar, formar, promover

Animar: es dar  “anima”, es decir, suscitar un Espíritu. Qué espíritu? El de un  seguidor  de Jesucristo. Estimular el seguimiento de Jesús es la tarea primera del animador; orientar hacia dos grandes vertientes: ir a vivir en la casa de Jesús y caminar por las sendas de la misión. Animación por lo tanto para una vivencia intensa y profunda de Jesús: espiritualidad y para un compromiso con la causa de Jesús, su reino: misión.  Se anima para la espiritualidad y la misión. Por ello el animador  debe ser ante todo un hombre  identificado con la espiritualidad y misión de la comunidad. Esta es su primera capacidad y debe ser el criterio primero para su nombramiento o remoción.

Organizar: es pasar de un conjunto caótico a un conjunto estructurado, poner en forma y dinamizar, dar sentido (significación y orientación a la vez) a los elementos y fuerzas que hasta el momento no lo han tenido. Todo esto, dando a los miembros la capacidad de manifestarse adultamente y de realizarse en sus potencialidades. Esta función de organizar conlleva las capacidades de prever, encomendar, coordinar, controlar.

Informar: comunica a todos lo referente a la vida de la Comunidad internacional, nacional y local. No se queda con ninguna información que sea para compartir porque con ello está motivando y estimulando la participación de los demás hermanos  y cultivando su interés y sentido de pertenencia.

Formar: se trata de trasmitir la propia experiencia. De formarse y crecer juntos en el sentido de la vida elegida. De comunicar la conciencia de las propias fragilidades y los caminos que los demás pueden iluminar para la superación de los mismos. Estar siempre en disposición de captar los decires de Dios a través de los acontecimientos y compartirlos para ir creciendo de manera permanente en la vida del Espíritu.

 Promover: suscitando el paso a niveles cada vez mayores de responsabilidad en los hermanos . Ello le pide un juicio lúcido sobre las capacidades de los mismos actuando en función del bien general. Es verdad que no todos tienen las mismas capacidades o posibilidades de desarrollo pero también lo es que cada uno pueda dar el máximo de si mismo. Por ello el buen animador promueve a los hermanos que van desarrollando sus habilidades por la actualización, la especialización o proponiéndolos para niveles de responsabilidad local o provincial.

Teniendo como ejes articuladores la palabra santa de la Escritura, el Carisma y la Espiritualidad de la comunidad, un superior que asume las actitudes descritas en estos cinco verbos realiza su servicio a partir de lo fundamental: con autoridad y no como los escribas.

Había tiempo para la reflexión personal y luego, compartíamos en grupo de tres. Más tarde, en asamblea general.  Pasó una tarde, pasó una mañana, día de fuertes reflexiones.