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ESCRITOR Y POETA El P. Ocharan leía mucho. Escribía todos los días su diario particular... De cuando en cuando daba a luz alguna poesía. Lástima que en el cambio de habitación, un fajo de papeles se fue a la papelera, porque la muchacha creía que eran papeles viejos y sin importancia: eran todas las poesías que Mauro había hecho... Como muestra ponemos un escrito en prosa, del tiempo de Narganá, comienzos de su vida misionera, y una poesía, escrita al salir de Darién y llegar a la Residencia, por tanto finales de su vida. LAGRIMAS EN KUEBDI Día aciago para Kuebdi (en cristiano, Río Azúcar); hondas lágrimas resbalaban por las mejillas, gemidos primitivos atemorizaban el aire de la isla. La muerte había arrastrado hacia sus antros de un modo trágico y alevoso a uno de sus preclaros hijos. El que había sido cacique de aquella Indiada,. Luis Alemán o Iguanaibiguiña, no volvería a deslizar su cayuco sobre toscos rodillos en las playas del poblado. De madrugada había salido ufano, endomingado por la puerta de su choza; por su imaginación desfilaban entonces las calles y avenidas de la ciudad-capital; dentro un rato con la ayuda de su secretario, a la vez intérprete expondría aunque fuera a tropezones el estado de la facción política que acaudillaba en la aldea... El viento abomba la vela, y el cayuco, entre móviles trincheras de agua, avanza raudo hacia el aeropuerto de Narganá. Ya han cruzado los aires, ametrallados por la lluvia, varios aviones. Acaba de hollar el césped un avión rojo, el avión de la muerte cuyo esqueleto, aún insepulto, irradia sobre algunos viajeros ondas de sofoco. El avión abre taimadamente sus portezuelas, y cual mujer zalamera ofrece sus depósitos para la carga. Uno dos, tres pasajeros; la impedimenta se va apretujando como puede. La pista está encharcada, el viento francamente se ha trocado en adversario. El aparato ¿había sufrido dos dice antes un desarreglo en sus funciones vitales? Carga excesiva, pista endiablada, tiempo hostil. Pero el traidor tiene prisas por escapar; va huyendo por el campo; se ha librado de la tierra que lo frenaba; delante un mar sin límites. El avión no quiere tomar altura y, a los 300 metros o poco más del linde del aeródromo, (lo ven con horror los pocos que en el campo había), el aparato suicida se lanzaba de cabeza en el océano. SORPRESA, NERVIOSISMO, INDECISIÓN en la Isla. Y mientras tanto, la vida y la muerte, en una lucha de cíclopes,. habían hecho tablas. Reparto por igual; dos por barba. El aviador ecuatoriano y el inspirador de estas líneas no verían de nuevo la luz. Un médico letón al advertir la mala jugada que el aeroplano les presentaba, rompe una ventanilla y al mar, su blanca camisa atiesada con sal y yodo es el faro que llama de nuevo a la vida al otro indio de Río Azúcar, que amarrado en su asiento dudaba ya de su existencia.... El que esto escribe se encontraba a la sazón en la isla de Río Azúcar. Era el seis de diciembre y dos días más tardes se tendría la primera Comunión de los niños. Malos aires han corrido por la isla: caída de un avión, inconsciencia prolongada de Luis Alemán. Hay que enfrentarse con la verdad, sea cual sea. El motor de mi cayuco no quiere saber nada en ese día y se declara en huelga. menos mal que estaba para arrimar al muelle una lanchita que visitaba el archipiélago kuna en jira política. Sentado como ave de corral en la barandilla, de cubierta escuchó o impávido durante el breve trayecto, una arenga que con generosidad fue perorada para mí solo. Poco debí de oír, no obstante las muecas de aprobación que de vez en cuando hacía. Las esperanzas que llevábamos dieron sus últimas boqueadas en los muelles de Narganá. Dos muertos, nos dicen calladamente dos indiecitos. El pueblo indio, estoico, fatalista ha abandonado sus chozas y hablan su misteriosa en las calles; algo ha debido remover su sangre A paso de granaderos, avanzamos por una calle el cacique actual de Río Azúcar, un maestro del mismo pueblo y su servidor. Todos respetan nuestros pasos, nuestras caras que semejan máscaras. Hemos de rescatar el cadáver y llevárnoslo pronto para entregárselo a su mujer. Nos colamos en un bohío, que según creo firmemente, iba estirando sus frágiles paredes merced a la presión que por dentro ejercían plañideras y curiosos. El cadáver está cubierto y, en columpiantes hamacas, haciendo corro, se sientan a gemir, por devoción o por oficios unas cuantas arrugadas indias que velan su cabeza y cara con tocas faraónicas. Vimos la cara del muerto. Después agitación febril: Inspección de motores, arrastre de gangas hacia el mar. El motor trepida inquieto y empuja para adelante 1a embarcación con los que la montan. Se han llevado el cadáver. Ponemos a prueba el motor y corremos locamente por el mar. Antes de diez minutos, vamos a dar caza al cayuco de vela portador de los tristes despojos. Estamos a su altura; hablamos, insistimos en que se nos ceda el cadáver a fin de conducirlo con mayor comodidad en nuestra panga. Va muy bien en el cayuco, se nos responde. Comprendemos que así es.. El cayuco es para el indio más de la mitad de su vida. Para él, el cayuco es caballo, es carro, es automóvil, es deporte... Mucha abstracción se necesitaría para definir al indio-kuna como animal racional a secas; eso del cayuco tendría que tomarse como un propio en el sentido filosófico. No perdemos el tiempo; templaremos los ánimos y cuidaremos de que la nueva no sea demasiado brutal, que no es correcto que un cadáver haga su propia presentación. La noticia va cundiendo como contrabando, y al choque de la misma con los sentimientos de los que la oyen, los pechos y corazones palpitan con sobresalto. La escuela está en doliente formación; la campana lanza vibraciones de dolor y luto. Un sudario blanco se ha apoderado del muelle produciendo escalofríos. Luego viene el lenguaje de los corazones que estallan en una salva cerrada de lágrimas y gemidos auténticos. La liturgia no se ha olvidado de entonar su responso; las palabras de circunstancias han sido poco menos que ahogadas por otras ondas más potentes... Poco más va a hacer la Iglesia Con aquel cadáver. Está pata entrar en escena la interpretación larga y monótona del ceremonial indio en la misma choza del difunto, choza a la que se ha arrancado la pared frontal en vistas a la mayor facilidad en las entradas y salidas. El "cantor de los muertos”, tocado con sombrero “hongo", se sienta frente al muerto, con la satisfacción de un califa; da giros a su bastón, adornado con símbolos de pinturas rupestres; su canto es en tono brusco y sin modulaciones, Hay humo picante; vense utensilios de sabor totémico; en fin, que uno se siente transportado a una escena funeraria de los habitantes de la edad del paleolítico. Todos esos ritos se desarrollan en un marco de lamentos adulterados en su mayoría. Junto a la choza muchachos indios pilan arroz; se hierve en abundancia café, que sin compasión palidecerá. ¿Quién no va a presentarse, y si con repetición mejor, a condolerse con la viuda, mostrando el pésame en el apetito con que se ingieren café y arroz? No hay que olvidarse del ataúd, y en esa ocasión va a correr a cuenta de un maestro de la isla y a cuenta del que suscribe Media tarde del seis de diciembre. Con tablas de pino y de caoba fabricaremos una bonita caja; el ataúd no va a- ser liso, tendrá sus rebordes y la tapa presentará bastantes planos; es decir que buscamos; lo difícil. Sin sensiblería alguna nos adentramos en el bohío del luto, metro en mano; tomamos las medidas oportunas, sin, sorpresas de nadie y al trabajo. Marcamos la madera; los serrotes entran en juego. Va a anochecer y en las alturas, sienten los que crujidos de un bimotor. Sabemos que, yerto e hinchado, es conducido por la sombría atmósfera el cadáver del aviador rumbo a Panamá. He tenido el Rosario con el pueblo y, a sudar llaman. Algunas maderas van fraternizando a fuerza de clavos y comienzan a tenerse en pie. La cosa no va mal. Pero, la noche crece. ¡Caramba con esa madera de caoba mojada! Siempre hay algún culpable y serramos con verdadera fiereza. Se compadecen de nuestra facha y nos llegan, de la casa del velorio, arroz salpicado de carne en lata, café muy endulzado (era el de los “grandes”) y hasta pretendían que bebiera ron embrutecedor. Hablando en serio, trabajo quedaba; sorteamos la noche y la pedemos. - Oye, Ignacio, ¿ya nos cabrá el difunto en la caja? Y el maestro Ignacio Solís, de parecida talla a la del finados de vez en cuando se tendía dentro y yo iba probando y dictaminando si habría que ir añadiendo algo de caja o quitando algo de cabeza o suprimiendo algún dedo del pie... Dan las dos, las tres dela mañana; o importa que al sueño lo hemos asustado y espantado lejos. Muchos de la indiada pasan la noche en vela y los de la funeraria nos hinchamos de orgullo y tosemos cuando a eso de las cinco se dan cuenta los curiosos de que la tapa ajusta perfectamente con la caja. Vencimos. Me lavo las manos y tras de los toques previos de la campana celebro a las seis el santo Sacrificio. Daríamos remate a nuestra obra forrando el ataúd con una tela morada, sujeta a la tabla con clavos de unos cinco centímetros que le aplicaríamos. No teníamos más. Se hace entrega del féretro sobre las nueve del día siete. El cadáver de Luis Alemán o Iguuanaibiguiña desde aquel féretro interrumpiría toda actividad en la isla de Kuebdi hasta el atardecer de la Inmaculada. Narganá, 29 Enero 1953 Mauro Ocharan. HEROÍNAS DE LA SELVA ¡Sultán, Sultán! es el grito que Francisco a Malek al Kamil en Damieta diera, La quinta Cruzada corre y de Asís el “loco” cree con su fe de niño atar las torvas fieras . Una Teresa “locuela” con Rodrigo su hermanito, con ir al África sueña: martirios, palmas y cielo pronto y rico. Javier es un astro , -¿tal vez un cometa que de cuando en cuando el mundo invade soltando centellas de su cabellera?- De por medio hay un Jesús que les hechiza. La historia inexorable los saltos veda y aplasta, cual tractor, al que darlos osa. Los “signos de los tiempos”¨ ¿Quién los rastrea? Al audaz el triunfo, tal vez una soga. La inglesa Mary Ward anticipa su era; no quiere clausura , trabas oficiosas, hábitos ... “!Cismática! a la cárcel entra”. De por medio hay un Jesús que les fascina . La pequeña Teresita en Lisieux reza; no ha pisado tierra extraña y con Javier se le implora como de Misiones jefa. Acción y oración del apóstol son el ser. El Espíritu ha quemado normas huecas , explosivos ha puesto a nocivos frenos. Un aire límpido la sangre oxigena . El tercer milenio novedades pide , y la mujer, medio mundo , a la lid se apresta. Vedla en liceos, de empresas dirigentes, y hasta de “rangers” ¨ y comandos en las guerras. Y hay mujeres que penetran en los bosques. Son mujeres, son hermosas y son bellas. De por medio hay un Jesús que las seduce. Por el Reino la familia y patria dejan . En frágiles piraguas remontan ríos , caminos recorren que al caballo arredran, en carros baratos aldeas invaden predicando paz con su figura entera. Lluvias , soles, hambres, insectos soportan cual si fueran naturales de esas tierras. A Dios su lozanía dan, no desechos, ni escombros mohosos de una vida rota. Varones fornidos al ver tal empuje en el sexo débil, a veces sonrojan. Y el tiempo cuenta: las formas, la hermosura bajan; se encuentran grietas hasta en la roca, La belleza empero aumenta con los años. Un crítico a Miguel Ángel interroga: ¿Por qué tan joven y tan guapa la “Piedad”, siendo Miriam en la Cruz ya cuarentona? “Siempre fue joven y también siempre bella por haber sido virgen en toda hora”, sentenció el coloso. Ved la misionera. De Jesús, que es su imán, la vida pregona. La vida celeste en su vivir se calca, rechazando en pleno el cielo en que Mahoma huríes lascivas brinda a sus secuaces. Jefes saduceos se ríen con sorna al creer burlar lo”eterno” presentando a siete hermanos con una misma esposa. “La Escritura no entendéis, habla el Maestro, allá en el cielo no existirán las bodas pues nadie morirá y de ángeles la vida será privilegio de toda persona”. ¡De la selva hermana, para aplauso un trueno! ¡Virgen del Antigua del Darién Señora, contempla con cariño a estas tus alumnas; tú que de Dios Madre, en ser humilde gozas haz que estas tus hijas al valor aprecien de muchos mortales que au lado rondan. “!Gracias, hijas mías, de Jesús heraldos, meditad su Nueva, contemplad sus obras, rezad con El al Padre, el hilo no cortéis que al cielo liga; sería la derrota. Comed el Pan de Ángeles, bebed el Vino que mi Hijo inventara en sus últimas horas. Seréis así canales con estanques llenos, gozando de salud y repartiendo olas de gracias celestes, de calor humano a los darienitas ricos en zozobras. Mauro Ocharan, cmf. Panamá, Diciembre, 1998 |