Tempus fugit…
Dación de cuenta pasado el primer mes de la
Escuela de Formadores Corazón de María 2006
Llegamos el 1 de abril. A Vic. Alguno, por problemas burocráticos, un poco más tarde (¿verdad, Carmelo?), y llevamos ya un mes. 30 días largos, llenos de experiencias y de emociones. Pero, como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes.
Nos cuidan las hermanas Misioneras de la Institución Claretiana. No nos falta de nada. Nos miman, para que aprovechemos más la experiencia. Da gusto estar en la Casa de Espiritualidad. Gracias a la hermana Eugenia y a todas sus compañeras.
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Somos 11, más el p. Mathew Vattamattam, Prefecto General de Formación, y el p. Jesús María Palacios, miembro del CESC y que algo sabe de Formación. El grupo lo formamos el p. Bruno Onyekuru (Nigeria), el p. Alejandro J. Carbajo Olea (Rusia), el p. Francisco Díaz Castañeda (México), el h. Jhon Jairo Florez Palacio (Colombia Occidental), el p. Ángel Iván García Rodríguez (Chile), el p. Jeremías Lemus (Centroamérica), el p. Luis Maguiña Prudencio (Perú), el p. Alfredo Melani (Argentina), el p. José Milam (Guinea Ecuatorial), el ir. Robério Vieira Cabral (Brasil) y el p. Carmelo Luciano (Antillas). Pasaremos juntos casi tres meses, hasta el 25 de junio. Nos dedicaremos, durante este tiempo de gracia, a revisar nuestras vidas, y desde varias claves, buscar juntos cómo mejorar el servicio que prestamos a la Congregación. Porque todos somos Formadores. |
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Ángel García,Mathew, Jeremías Lemus |
Hemos leído la Autobiografía. No habíamos terminado los días de retiro, y ya estábamos releyendo nuestras vidas desde las claves que el p. Jesu Doss nos iba dando. Que la Congregación va cambiando, lo demuestra que un indio, el p. Jesu Doss nos ha ayudado a mirar la Autobiografía –y la propia vida, y la propia vocación– desde unas claves muy sugerentes. Y nos invitó a traducir nuestras reflexiones en propuestas formativas. Además, alternábamos teoría y práctica, es decir, visitábamos los lugares por donde anduvo el p. Claret: Viladrau, Espinelves, Sallent, el mismo Vic... Nos hemos configurado topográficamente con nuestro Fundador. Con la inestimable ayuda del p. Antón Vilarrubias. A la Moreneta pudimos acercarnos, a rezar vísperas en Montserrat, a ver si la Virgen nos echa una mano en el trabajo formativo.
Hemos estado en Barbastro. Nuestro curso se tiñó de rojo testimonial, en torno al Seminario Mártir. De camino, pasamos por Cervera, con el testimonio impagable del p. Joan Sidera, que vivió allí, y conoció a muchos de los mártires de Mas Claret, v.gr. Muchos recuerdos, muchos sueños misioneros, truncados por las balas de una guerra fratricida. Cervera nos dejó bien enfilados, para entrar a Barbastro. El monasterio de El Pueyo fue la base, desde la que hicimos visitas muy, muy intensas, a lugares sagrados para nosotros. El Museo, los lugares martiriales, el salón de los Escolapios… Todo sabía a claretiano, a verano del 36, a gritos de la turba y, sobre todo, a testimonio de fidelidad. Celebrar la Eucaristía en el Museo de Barbastro, en el altar del obispo mártir en la Catedral, en el lugar del martirio, no dejó a nadie impasible. Hay que tener el corazón de piedra para no emocionarse al cantar Jesús, ya sabes, soy tu soldado… y recordar las noches de miedo y disparos, y los gritos de Viva Cristo Rey y Viva el Corazón de María. Nos dimos cuenta de que el martirio no se improvisa. ¿Cómo dar a nuestra formación este matiz martirial? Más preguntas. Más tareas. Porque aquí, trabajamos. Y mucho. Los pp. José Beruete, Carlos Barbarin, el resto de miembros de la Comunidad de El Pueyo y de Barbastro, siempre atentos, siempre acogedores. Estuvimos como en casa. Ah, por cierto, y hasta Lourdes, en Francia, nos fuimos, a rezarle a la Virgen por todos los formandos.
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Como
mejor es que sobre, que no falte, a la vuelta, pasamos por Zaragoza. Misa
en la basílica de El Pilar, y visita a la Curia Provincial, y a la
Comunidad Asistencial de Aragón. Otros ejemplos de fidelidad a la vocación
recibida, en la salud y en la enfermedad.
El Prefecto General de Espiritualidad, p. Gonzalo Fernández, nos
ha introducido – aunque a presión – en la experiencia de La Fragua.
Una espiritualidad muy claretiana, que puede unificar, dar coherencia y
sentido a todas las etapas
formativas, y que ha sido probada ya en 14 ocasiones, para muchos, muchos
claretianos de todo el mundoLos
núcleos del Quid Prodest, Patris Mei, Caritas Christi y Spiritus
Domini han dejado de ser solo unas palabras curiosas, para cargarse de la
fuerza de la alegoría de la fragua. Hemos sentido la importancia de revisar
nuestras vidas, de preguntarnos qué quiere Dios de nuestro hierro, de cada uno
de nosotros, en todo momento. Nos hemos dejado calentar en el fuego, nos han
dolido los golpes en el yunque, que dan forma a la saeta misionera que debe ser
lanzada. Porque nuestro espíritu es para todo el mundo. La diferente
procedencia de los participantes en el curso así lo prueba. Al lado de los núcleos,
diferentes ejes básicos para nosotros: el Corazón de María, la Palabra, la
Misión… Y otra vez, ¿cómo transmitir todo esto a los formandos? Ahí queda
el reto.
Hemos estado en Fonfroide. Hemos visto lo que supone ser coherente, amar la justicia y odiar la iniquidad. Algo se estremece en el corazón, al ver la tumba donde estuvieron los restos del p. Claret. Y en el monasterio, celebramos la misa. Gracias mil al p. Alba, y al resto de la Comunidad de Narbona. Allí repusimos fuerzas, y sentimos que todos estamos en lo mismo, en la Misión. Hemos empezado a ver la historia de la Congregación. Con el p. Antonio Bellella. Pero, como diría Michael Ende, eso es ya otra historia. Para el próximo mes. |
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Ah, por cierto, gracias a nuestras Comunidades de origen. Desde Nigeria a Rusia, pasando por República Dominicana o Guinea. Gracias a nuestros hermanos que, con su sacrificio, están dándonos esta oportunidad de convivir y compartir. Porque aquí se respira en claretiano, y como dijeron hace ya algunos años, de otra Comunidad, digitus Dei est hic (Aut. nº 609). Gracias por suplirnos durante estos tres meses. Esperamos, a nuestro regreso, poder transmitiros todo lo que estamos viviendo.
El Cronista